1. Tecnología
Un cerebro para conectarlos a todos

Dentro del paraíso de los drones navales: España prueba el 'cerebro' de su nueva flota

Novedades y lecciones de REPMUS, los mayores ejercicios militares del mundo en experimentación con drones marinos

Foto: Superpetrolero y USV español SEAD 23 (Juanjo Fernández)
Superpetrolero y USV español SEAD 23 (Juanjo Fernández)

El enorme petrolero se encontraba fondeado y en lastre cerca de la instalación portuaria. Apenas había tráfico en el mar: algún carguero en la lejanía, un par de pesqueros y algún bote. Una situación de calma en la que una pequeña lancha, con disimulo, iba reduciendo distancias hasta que, de repente, aceleró y se encaminó directamente hacia el costado del buque. No había margen para maniobrar ni tiempo para reaccionar. Lo siguiente fue una enorme explosión, un boquete por babor y un gran incendio. El buque estaba sentenciado.

La escena lleva años repitiéndose en la guerra de Ucrania y podría ser tan real como la imagen que abre este artículo. En la fotografía, un superpetrolero y un dron SEAD-23 (el primer sistema autónomo adquirido por la Armada española) se solapan durante los ejercicios REPMUS 26 de la OTAN, los más importantes del mundo dedicados a este tipo de sistemas marítimos no tripulados.

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Para conocer a fondo el estado del arte de esta nueva forma de combate, El Confidencial se desplaza a la península de Tróia, en Portugal, donde la semana pasada también aprobó su examen el futuro ‘cerebro’ de la Armada española: el SCOMBA NG.

placeholder USV Trator do Mar, de la Marina portuguesa (Juanjo Fernández)
USV Trator do Mar, de la Marina portuguesa (Juanjo Fernández)

Un cerebro para un buque

Fabricado por Navantia, la versión anterior de este sistema de combate (SCOMBA) que equipa a casi todos los buques españoles. Y ahora ha evolucionado. Para entender que es el “sistema de combate” o CMS (Combat Management System) de un buque, una buena analogía es pensarlo como un ‘cerebro’ que recopila e integra la información de los sensores, la procesa, evalúa amenazas y permite gestionar las armas.

El CMS actual, puesto en servicio en 2010, está orientado al propio buque. Es decir, responde a un modelo clásico en el que cada navío de guerra opera esencialmente de manera independiente. Pero eso ya no es suficiente. El combate actual exige colaboración entre plataformas frente al funcionamiento individualizado. Navantia ya dio un paso de gigante con el sistema NAIAD, un desarrollo que permitía “digitalizar el combate” centralizando grandes cantidades de datos procedentes de distintas plataformas. A efectos prácticos, NAIAD —que no es un CMS— permitía integrar en el SCOMBA del buque múltiples activos externos.

Pero el combate actual muestra que tener más activos tampoco es suficiente. Hace falta utilizarlos con mayor eficiencia. Y ese es justamente el paso dado con SCOMBA NG. Una herramienta que trata de interconectar todas las plataformas para que el conjunto supere la suma de las partes. Una evolución del concepto de CMS hacia un nuevo modelo centrado en la conexión en red, con datos distribuidos multiplataforma y capacidad de combate colaborativo.

¿Qué significa todo esto, en apariencia tan complejo? Pongamos ejemplos.

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Salto a la nube

SCOMBA permitía gestionar los sensores y las armas de un buque de combate, una fragata, por ejemplo. Con NAIAD actuando como interfaz, podían integrarse en el propio sistema de combate distintos activos externos, como drones navales de superficie (USV), submarinos (UUV) o aéreos. Estos podían funcionar como un sensor más del buque y ampliar considerablemente sus capacidades.

Con NG, cada plataforma con sus sensores y cada activo asociado (un dron de cualquier tipo) se integran en un conjunto superior donde aplica el concepto del combate colaborativo, en el que cualquier amenaza podrá ser detectada por cualquier sensor y atacada por cualquier arma, independientemente de la plataforma (el buque o dron) en que se encuentre.

placeholder Munición merodeadora submarina S-Wise de Arquimea (Juanjo Fernández)
Munición merodeadora submarina S-Wise de Arquimea (Juanjo Fernández)

Ahora, un buque dotado con NG es una parte de un conjunto que recibe información de otros sensores como si se tratase de los suyos propios y, a la inversa, lo que sus propios sensores detectan será visto en tiempo real por cualquier otra plataforma interconectada. Esta red de conexión entre plataformas es lo que Navantia denomina Naval Combat Cloud, un sistema reconfigurable e inteligente que permite compartir toda la información de múltiples elementos, desde estaciones en tierra, drones aéreos, satélites y, por supuesto, otros buques.

Esta red, además de comunicaciones, almacenamiento de datos y ciberseguridad, ofrece capacidades adicionales significativas. Por ejemplo, facilita las labores de planificación al potenciar el “planeamiento dinámico” mediante la generación de un ‘mapa único’, con la información de todos los activos y fuentes integrados. Así, amenazas que no serían visibles de forma individual aparecerían reflejadas para todos, lo mismo que la posición de cada plataforma aliada, elementos neutrales, etc., una información, además, que sería compartida por todos los niveles de mando, incluyendo puestos centralizados en tierra.

Todo esto último es muy relevante. La planificación dinámica es la capacidad de modificar y adecuar los planes a la evolución real de los acontecimientos y es evidente el salto con la Nube de Combate Naval al recibir información actualizada de las condiciones del entorno de todos los activos enlazados. Ese 'mapa único' (Common Operational Picture, en inglés), que antes era generado por el propio sistema de combate de forma individualizada, pasa a ser global.

En términos operativos, la combinación de SCOMBA NG y Naval Combat Cloud guarda similitudes con el sistema estadounidense CEC (Cooperative Engagement Capability), que permite compartir en tiempo real la información obtenida por los sensores de distintos buques y aeronaves para combatir una amenaza de forma coordinada.

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La diferencia está en el alcance. CEC nació principalmente para la defensa antiaérea: permite, por ejemplo, que un buque emplee información captada por los sensores de otra unidad para enfrentarse a un objetivo. La propuesta española aspira a ir más allá, conectando buques, aeronaves, drones y otros medios en una arquitectura común para compartir información y coordinar operaciones en distintos dominios.

El paraíso de los drones navales

Con cerca de 1.500 efectivos de 36 países, los ejercicios REPMUS son los mayores del mundo dedicados a la experimentación y empleo de sistemas no tripulados. Sus propias siglas resumen el objetivo: Robotic Experimentation and Prototyping using Maritime Unmanned Systems, es decir, experimentación robótica y desarrollo de prototipos mediante sistemas marítimos no tripulados. Y tienen lugar en un entorno especialmente propicio: una pequeña base experimental de la Marina portuguesa en Tróia, frente a unas aguas tranquilas y con escaso tráfico en el estuario del río Sado.

Allí pudimos ver drones aéreos tipo Zeppelin y de gran autonomía, modelos aéreos ya conocidos, como el español M5D Airfox de la empresa Marine Instruments y, sobre todo, navales. Los había de todo tipo, tanto de superficie como submarinos. Entre los primeros, algunos de respetable tamaño, como el Saab Enforcer 3, una versión no tripulada de la lancha rápida sueca CB90, una embarcación espectacular con más de 15 metros de eslora, hasta 18 toneladas de desplazamiento y con una velocidad que puede llegar a los 45 nudos (más de 80 km/h).

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En REPMUS pudimos ver todo tipo de USV de diferente tamaño y funciones. (Juanjo Fernández).

Otros modelos interesantes fueron el portugués Trator do Mar, llamativo por su casco de baja silueta (casi parece un submarino), diseñado para la lucha antisubmarina arrastrando un sonar remolcado. Puede hacer una navegación ultrasilenciosa con su propulsión eléctrica y su eslora es de unos 5 metros. También varios modelos de UFORCE, la conocida firma ucraniana que produce el Magura, una de las pocas empresas que pueden poner el cartel de “probado en combate”.

Entre los modelos submarinos, el AUV62-MR, de la sueca Saab, dedicado a tareas de rastreo de minas y basado en el torpedo sueco Saab Type 62, con 900 kg de peso, capaz de trabajar a 300 metros de profundidad. También interesante, la ya conocida munición merodeadora submarina S-wise, de Arquimea.

España tuvo una participación muy destacada con el buque A-61 Carnota, que demostró unas excepcionales cualidades de versatilidad embarcando el USV SEAD 23, de la española SeaDrone (filial de Zelenza). El único dron marino de todos los presentes que fue lanzado desde el buque, mientras que el resto operó desde puerto.

Versátil, con casi 7 metros de eslora y 2 toneladas de desplazamiento, el modelo utilizado llevaba un montaje RWS Guardian 2.0 de Escribano M&E y, un módulo de lanzamiento de municiones merodeadoras Q-SLAM 40 de Arquimea que se probó durante los ejercicios, convirtiendo al Carnota en un elemento con capacidad real de combate, integrado y coordinado por el nuevo ‘cerebro’ español que acaba de pasar su examen. La guerra naval que se ensaya en Tróia ya no consiste únicamente en disponer de mejores buques, drones o misiles, sino en conseguir que todos ellos combatan como si fueran uno solo.

El enorme petrolero se encontraba fondeado y en lastre cerca de la instalación portuaria. Apenas había tráfico en el mar: algún carguero en la lejanía, un par de pesqueros y algún bote. Una situación de calma en la que una pequeña lancha, con disimulo, iba reduciendo distancias hasta que, de repente, aceleró y se encaminó directamente hacia el costado del buque. No había margen para maniobrar ni tiempo para reaccionar. Lo siguiente fue una enorme explosión, un boquete por babor y un gran incendio. El buque estaba sentenciado.

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