El final del verano suele dejar huella en jardines, terrazas y zonas verdes. El calor intenso, el riego más frecuente y las semanas de temperaturas altas pueden traducirse en césped deteriorado,hojas secas o sistemas de riego que siguen funcionando como si todavía estuviéramos en pleno agosto. José González, experto en plantas, propone aprovechar septiembre para hacer una puesta a punto sencilla antes de entrar de lleno en el otoño.
El primer paso es observar cómo ha terminado el césped después del verano. “Durante el verano es fácil que se produzcan rodales”, explica González, que señala entre las posibles causas las plagas, algunas enfermedades, problemas de riego o el propio exceso de calor.
Retirar las hojas secas para dejar espacio a los nuevos brotes
El segundo consejo pasa por una tarea muy visible: eliminar las hojas que se han secado durante los meses de más calor. González recuerda que algunas plantas sufren especialmente las altas temperaturas y pueden terminar el verano con parte del follaje deteriorado. Retirar esas hojas permite limpiar la planta y dejar espacio a los nuevos brotes.
El experto describe el otoño como una especie de “segunda primavera”, una etapa en la que determinadas especies pueden recuperar actividad después del estrés térmico del verano.
Como referencia concreta, explica que a finales de septiembre, en Valencia, dos riegos semanales pueden ser suficientes para determinadas plantas. Esa frecuencia, sin embargo, debe entenderse dentro de ese contexto concreto: el tipo de planta, el sustrato, la orientación, la lluvia y el clima local pueden modificar mucho las necesidades de agua.