1. España
Entre la protesta y las pérdidas

Los otros indignados de Sol: "Un día normal hacemos 3.000 euros. Ayer cerré la caja con solo 12"

Comerciantes, hoteleros y dependientes del entorno de Sol cuentan cómo la acampada por la vivienda ha modificado sus rutinas y perjudica sus negocios

Foto: Una de las tiendas de 'souvenirs' rodeadas por las tiendas de campaña. (P. P.)
Una de las tiendas de 'souvenirs' rodeadas por las tiendas de campaña. (P. P.)

El jueves a mediodía, la caja de Beatriz seguía a cero. La víspera había cerrado con 12 euros. Un día normal, calcula, la tienda de souvenirs en la que trabaja, en el centro de Sol, factura unos 3.000. "Una mierda, hemos perdido el 97 o 98% de la facturación", resume.

El negocio en el que trabaja está rodeado de tiendas de campaña. Los manifestantes plantaron las primeras el 26 de septiembre, tras una marcha para exigir medidas contra la crisis de la vivienda, y aproximadamente ya suman unas 1.200 tiendas, según el Sindicato de Inquilinas. Los acampados, a través de esta organización, han pedido a los grupos parlamentarios que aprueben los dos reales decretos, que se votan hoy, aunque han rechazado la partición y reclaman un texto único, el llamado 'decreto Maricarmen'. Mientras, la Comunidad de Madrid ha dado un ultimátum a la Delegación del Gobierno para que desmantele el campamento.

La acampada, por su parte, ha endurecido su discurso. Están moviendo la creación de 'comités de barrio' para empezar a proclamar una huelga general por la vivienda. Quieren mantener el campamento como punto de encuentro y que esa estructura sobreviva cuando se levanten las tiendas. "Los reales decretos son insuficientes. No vamos a dejar que nos desmovilicen, vamos a organizar la huelga general", afirman en un comunicado. Convocaron las primeras asambleas territoriales en la tarde de ayer, a las 18:00, en distintos puntos de la plaza, agrupando a los participantes en cinco zonas: norte, este, sur, oeste y centro, aunque no estuvieron secundadas por la unanimidad de los acampados.

TE PUEDE INTERESAR

Entre medias están quienes trabajan en la plaza y sus calles, y que no se sienten parte de ninguno de los bandos. "Los apoyo, tienen derecho a manifestarse, pero están condicionándonos mucho", matizó Beatriz, cuando vio pasar a los acampados por su lado.

Junto a su local, Lihua trabaja en otro puesto de souvenirs, también rodeado de tiendas. Para acceder, hay que atravesar un camino entre carteles con buitres dibujados a mano y bolsas de basura amontonadas en las papeleras. Cuenta que nadie pasa por ahí: "¿Cómo van a hacerlo? Si el pasillo da miedo". El negocio, dice, está "muy flojo", y su jefe paga "mucho" por estar ahí.

placeholder Farmacia Cea en la calle Preciados, en el centro de Madrid. (P. P.)
Farmacia Cea en la calle Preciados, en el centro de Madrid. (P. P.)
placeholder Kioscos rodeados de tiendas de campaña, en Sol. (P. P.)
Kioscos rodeados de tiendas de campaña, en Sol. (P. P.)

En la farmacia Cea, en Preciados 14, Enrique Algarra, de 57 años, también nota menos gente. Los turistas, cree, se desaniman de pasar por la zona, y los acampados no compran porque tienen sus propios botiquines. A él le preocupa sobre todo la limpieza. "Cuando abro por la mañana, me encuentro orines y excrementos", cuenta. Trabaja allí desde 2019 y asegura que nunca había tenido que echar agua con lejía a diario: "Es muy desagradable".

No todos ven el mismo problema. Eduardo, gerente de la tienda de moda urbana Newcop, en la calle de Tetuán, paralela a la Puerta del Sol, nota menos turistas en la calle, pero dice que en su tienda entra incluso más gente porque "se mueven más por las calles de alrededor". Y sobre el olor es tajante: "Es todo el año. Al menos esta calle no la limpian. No es solo por lo que está pasando ahora". Lleva trabajando allí desde 2022 y asegura que la situación es la misma. Eso sí, de la acampada opina que está "a tope con esta gente". En la perfumería Júlia, al final de la calle del Carmen, prefieren no hacer declaraciones, aunque confirman que han notado menos afluencia de compradores.

"Afecta a la higiene, a la seguridad..."

Los hoteleros, que por ahora todavía no han notado cancelaciones o descenso de reservas, son más duros. Santiago Bello, director general del Hotel Moderno, en la calle Arenal, a un paso de la plaza, y vicepresidente de la patronal hotelera madrileña (AEHM), es quien habla con más contundencia. "Más allá de las razones que tenga cada uno para manifestarse, están anteponiendo sus motivos y afectando al resto de personas que efectuamos cualquier tipo de actividad en los alrededores, y en Madrid en general", dice. "Afecta al imaginario, a la higiene, a la seguridad, a la economía… Es un prisma con muchísimas caras que se están viendo perjudicadas", explica.

Para él, la protesta ha cambiado de naturaleza. "Los primeros días aún, pero ahora está completamente desproporcionado. Ya no es una acampada, es un asentamiento. Es indefinido, por lo que ya no tiene ese componente temporal. La Puerta del Sol está tomada". Y lo traslada al turismo: "La gente que quiera viajar va a hacerlo, pero acabará no viniendo a Madrid. A los turistas que llegan, en un primer momento les hace gracia, sacan el móvil y tiran un par de fotos, pero luego ya no. El olor y la sensación que hay, se imponen. Es un desastre".

Sobre la higiene, afirma que "ha empeorado significativamente el olor de esta zona". Por la noche no hay locales abiertos, y quien tenga que hacer necesidades lo “hará donde pueda”. También habla del ambiente que se vive en la plaza al caer la tarde, con cierta ironía. "Es normal, si yo estuviera en su situación, también lo haría. No hacen nada en todo el día, juegan un poco al Monopoly, hacen un par de asambleas y, a las 18:00, ¿qué te queda? Pues echar a los fascistas".

placeholder Hotel Moderno, en la calle Arenal 2, junto a la acampada de la Puerta del Sol. (P. P.)
Hotel Moderno, en la calle Arenal 2, junto a la acampada de la Puerta del Sol. (P. P.)
placeholder Manifestación alrededor del Oso y el Madroño el martes. (P. P.)
Manifestación alrededor del Oso y el Madroño el martes. (P. P.)

Su reclamación es de amparo: "Hay que proteger a los buenos, a los que venimos cada día a trabajar, a aportar riqueza, de los que vienen a imponer, a amedrentar, a impedir la libertad". El impacto del campamento, admite, afecta a los negocios "a corto plazo", pero "el daño también es a largo plazo: la imagen que proyectamos con nuestros símbolos, de nuestra ciudad". Y remata: "Sentimos que no estamos protegidos. ¿Hasta cuándo vamos a tener que aguantar? ¿Hasta que ellos quieran? Van a por Madrid".

Su mensaje coincide con el de su organización. La AEHM, que agrupa a más de 330 establecimientos, difundió el jueves un comunicado en el que dice respetar las reivindicaciones de quienes protestan, pero pide a las administraciones que actúen para recuperar la seguridad, la movilidad y la limpieza en la zona, y advierte de pérdidas para los negocios y de daño a la imagen turística de la ciudad.

placeholder Transeúntes en la acampada por la vivienda, ayer a mediodía. (P. P.)
Transeúntes en la acampada por la vivienda, ayer a mediodía. (P. P.)

Dentro del campamento, un operario de la Comunidad de Madrid revisaba los anclajes de las tiendas, muchas sujetas con adoquines. Su preocupación, explicó, es que se rompa el sellado y empiece a filtrarse agua. La plaza se acaba de remodelar y, si el suelo se deformase, arreglarlo sería "muy costoso".

Casi una semana después de que se plantaran las primeras tiendas, Sol sigue siendo un campamento sin fecha de salida. Varios de los que trabajan alrededor, como Beatriz o el propio Bello, reconocen el derecho a protestar, pero coinciden en que no se podrá aguantar mucho más en esas condiciones. Otros, como Eduardo, matizan que parte de lo que se ve en la calle, la suciedad y el olor, ya estaba ahí antes. Mientras, la Comunidad de Madrid exige que se desaloje la plaza; la Delegación del Gobierno no ha movido ficha, y la acampada sigue en pie, e in crescendo día a día. Entre unos y otros, los comercios que viven de la gente que pasa por Sol miden el tiempo en lo que tarda en abrirse la caja.

El jueves a mediodía, la caja de Beatriz seguía a cero. La víspera había cerrado con 12 euros. Un día normal, calcula, la tienda de souvenirs en la que trabaja, en el centro de Sol, factura unos 3.000. "Una mierda, hemos perdido el 97 o 98% de la facturación", resume.

Ley de vivienda Noticias de Madrid
El redactor recomienda