ALICIA CABAÑAS
La casa de Alicia Cabañas: un piso inglés en el centro de Madrid entre antigüedades y arte contemporáneo
Texto
Cris Castany
Fotos
Esi Seilern
Maquillaje y peluquería
Studio 25
Estilismo
Marieta Yanguas
Producción
Flair Studio
La interiorista nos abre las puertas de una vivienda cálida y muy personal, con paredes enteladas, carpinterías a medida y piezas encontradas en mercadillos y anticuarios. Tras ampliar la familia, pronto se convertirá en el nuevo hogar de su madre.
En Vanitatis entramos en casas que se entienden con una sola mirada y otras que obligan a detenerse en cada detalle. Este último es el caso de la de Alicia Cabañas. En este piso situado en el centro de Madrid, en una de las zonas más cotizadas de la capital, prácticamente todos los elementos reuqieren atención: desde las paredes revestidas con rafia hasta las molduras de la carpintería, las telas inglesas, los muebles antiguos o las pequeñas piezas artesanales que aparecen sobre mesas y consolas.
Nada está colocado de manera improcisada, pero tampoco existe esa sensación de escaparate intocable que a veces acompaña a las casas por los que ha pasado una interiorista. “Mi estilo es clásico, sin duda, pero no un clásico aburrido o antiguo. Me gusta combinarlo con elementos más modernos y conseguir que las casas sean muy acogedoras”, explica Alicia mientras recorremos una vivienda que ella misma reformó por completo.
Levantó suelos, sustituyó ventanas y modificó la distribución hasta construir una casa a su medida. Ahora está a punto de despedirse de ella. Tras ampliar la familia, necesita más espacio y el piso pasará a convertirse en la casa de su madre, la persona que, precisamente, la animó a dedicarse profesionalmente a la decoración.
“Yo al principio no tenía claro qué quería hacer. Empecé Empresariales porque parecía una carrera con muchas salidas, pero no me gustó nada. Fue mi madre, que es una apasionada de la decoración, quien me propuso probar Diseño de Interiores. Le dio en el clavo. Enseguida pensé: ‘Este es mi mundo’”.
UNA VOCACIÓN QUE EMPEZÓ EN CASA
Cabañas se formó en Diseño de Interiores en IADE y posteriormente se trasladó a Milán para cursar un máster especializado en diseño de lujo en el Istituto Marangoni. La experiencia italiana le permitió acercarse a firmas textiles, materiales y maneras de entender la arquitectura que entonces resultaban menos accesibles en Madrid.
“Milán me abrió muchísimo la mirada. Todo era más internacional y pude conocer el mundo de las telas, las marcas y los materiales. También viajé por distintas ciudades de Italia y fui educando el ojo en las formas, los edificios y la arquitectura”.
Tras regresar a España, pasó por distintos estudios de decoración y arquitectura. La pandemia interrumpió aquella primera etapa profesional y la llevó a trabajar durante un tiempo en Monkey Home, una pequeña tienda de decoración en Núñez de Balboa. Allí amplió su red de proveedores, aunque sabía que su futuro no estaba detrás del mostrador.
Su primer proyecto integral llegó de la mano de una amiga del colegio que acababa de casarse. Alicia compaginó aquella reforma con la de su propia vivienda. Después llegaron las fotografías, las cenas en casa de su clienta y una pregunta que comenzó a repetirse entre los invitados: “¿Quién te ha hecho esta casa?”. El boca a boca hizo el resto.
Hoy dirige su propio estudio en Madrid, desde el que desarrolla viviendas, oficinas y proyectos de restauración, y compagina esa actividad con Victoire Home, su firma de decoración y showroom. El proyecto reúne piezas artesanales, vajillas, objetos, muebles de mimbre y hallazgos procedentes de Italia, Francia, Portugal, el sur de España y distintos países asiáticos.
“Mi objetivo era no ofrecer lo mismo que ya había en otras tiendas de Madrid. Casi todo es artesanal y muchas piezas son exclusivas. No quería copiar lo que ya existía porque entonces el proyecto no tendría ningún sentido”, asegura. Una filosofía que también aplica a sus interiores: espacios funcionales, cómodos y profundamente personales.
Un comedor inspirado en las casas de los Cotswolds
El comedor resume buena parte del universo de Alicia. Las paredes están revestidas con un papel de rafia en un tono natural que aporta textura sin oscurecer la estancia. Sobre él, las molduras blancas del techo dibujan un perímetro clásico y refuerzan la altura. Las cortinas, largas y con una caída generosa, enmarcan los ventanales y tamizan la abundante luz natural.
En el centro, una mesa de madera lavada y patas torneadas aparece rodeada de sillas distintas. Algunas conservan su acabado natural; otras están pintadas o tapizadas con tejidos estampados. La aparente falta de uniformidad es, en realidad, una de las claves del conjunto: evita que el comedor resulte demasiado serio y le da el aire de una casa construida poco a poco.
“Me gusta que haya piezas antiguas porque aportan elegancia y exclusividad. Una antigüedad solo la tienes tú. Después la combino con muebles más actuales, aunque siempre deben conservar algún gesto clásico: una moldura, una pata trabajada o un detalle especial. No soy de líneas completamente lisas”.
Una gran alacena oscura ocupa uno de los frentes. Su presencia contrasta con la luminosidad del resto de la estancia y funciona como vitrina para su colección de vajillas, cristalerías y pequeños objetos. La lámpara suspendida sobre la mesa, con una pantalla de tela plisada de gran formato, acerca la luz para las sobremesas y refuerza ese carácter de hogar.
El resultado recuerda a las casas de campo de los Cotswolds, con sus capas de textiles, sus muebles heredados y una elegancia que parece heredada. “Es exactamente mi estilo. Muy inglés. Las telas de la casa son inglesas y me gusta ese modo de combinar estampados sin que el resultado pierda calma”.
PAREDES QUE ARROPAN
En esta vivienda apenas quedan espacios o superficies desnudas. Alicia utiliza papeles, rafias y telas como herramienta capaces de aportar a cada estancia una personalidad única.


“Yo empapelaría o entelaría una casa entera. No puedo dejar una pared blanca. Me gusta que, al entrar, se sienta calidez”, reconoce.
En el salón, un estampado de pequeñas flores burdeos cubre las paredes y se repite en las cortinas. Para evitar que el dibujo resulte excesivo, la interiorista incorpora un zócalo, alto de madera blanco que recorre la parte inferior. Esa pausa visual permite atreverse con el estampado y sirve como transición hacia el suelo de madera colocado en espiga.
Un sofá blanco actúa como elemento de descanso entre los motivos florales, mientras los cojines recuperan el dibujo de la pared en escalas diferentes. A su lado, una butaca antigua tapizada en terciopelo rojo introduce una nota más intensa. La alfombra geométrica, también en rojo, demuestra que los estampados clásicos no tienen por qué combinarse únicamente con diseños discretos.
“Si toda la pared estuviera cubierta con la tela podría cansar más. El toque blanco da paz y equilibra. En una casa luminosa como esta puedes jugar mucho más”, explica.
En uno de los rincones, una pequeña consola antigua sirve de apoyo a un herbario comprado en Francia. Las flores prensadas, ordenadas como si formaran parte de un antiguo gabinete de botánica, encajan perfectamente con el papel de las paredes y las cortinas. Es una escena pequeña, pero resume la habilidad de Alicia para reunir piezas que
Antigüedades sin solemnidad
Las piezas antiguas aparecen por toda la casa, aunque nunca convierten el piso en un museo. Una consola estrecha acompañada por un taburete de tijera ocupa uno de los rincones del comedor. Sobre ella, una urna decorativa se sitúa entre dos candeleros, bajo una obra abstracta enmarcada con sencillez.
En otra esquina, un gran armario oscuro con puertas de rejilla convive con una mesa ligera de estructura metálica y un cuadro contemporáneo. Las butacas de corte clásico se actualizan mediante tapicerías gráficas en tonos burdeos y blanco.


En otra esquina, un gran armario oscuro con puertas de rejilla convive con una mesa ligera de estructura metálica y un cuadro contemporáneo. Las butacas de corte clásico se actualizan mediante tapicerías gráficas en tonos burdeos y blanco.
“Yo compro lo que me gusta. Una pieza no tiene que ser antigua obligatoriamente, pero sí quiero que me digan la verdad. Ahora hay muebles nuevos muy bien envejecidos que se venden como antiguos. Hay que mirar la trasera, los cajones y, sobre todo, la tornillería”.
Buena parte de sus hallazgos procede del Rastro madrileño y de anticuarios como Sine Nomine, Berenis u Olofane. También frecuenta Galerías Piquer, donde busca desde muebles hasta ceniceros y cristales de Murano.
Ese interés por lo imperfecto se extiende a los objetos realizados a mano. “Me gusta lo artesanal porque tiene marcas y pequeñas irregularidades. Todo lo que se fabrica en serie pierde parte de esa personalidad”.
Arte contemporáneo entre telas inglesas
Las piezas antiguas aparecen por toda la casa, aunque nunca convierten el piso en un museo. Una consola estrecha acompañada por un taburete de tijera ocupa uno de los rincones del comedor. Sobre ella, una urna decorativa se sitúa entre dos candeleros, bajo una obra abstracta enmarcada con sencillez.
En otra esquina, un gran armario oscuro con puertas de rejilla convive con una mesa ligera de estructura metálica y un cuadro contemporáneo. Las butacas de corte clásico se actualizan mediante tapicerías gráficas en tonos burdeos y blanco.
El armario inferior, un mueble bar cubierto con espejos, multiplica los reflejos del parqué, los muebles y los textiles y además proporciona ligereza y profundidad. A ambos lados, dos lámparas de mesa con pantallas verdes plisadas ponen una luz tenue sobre la encimera oscura.
La obra pertenece a Begoña Allende-Salazar, amiga de Alicia. En otras habitaciones aparecen piezas de artistas de la galería Orellana, junto a herbarios antiguos y obras de carácter más abstracto. “Me gusta enmarcar el arte moderno con marcos antiguos o con muebles clásicos. Creo que una cosa potencia a la otra”.
Alicia rehúye de los focos excesivos y prefiere la iluminación baja, construida mediante lámparas de sobremesa y apliques. “La luz debe crear ambiente. En el dormitorio principal, por ejemplo, no tengo focos en el techo. Prefiero iluminar desde abajo y utilizar los apliques para destacar una pieza o un cuadro”.
Una cocina minimalista, pero no fría
La cocina representa la interpretación más depurada de su estilo. Los muebles bajos blancos recorren la estancia con una estructura limpia y funcional, pero se alejan del minimalismo convencional gracias a sus puertas recortadas con formas curvas y a los tiradores oscuros.
Dos pequeños apliques de mimbre, acompañados por jarrones con flores rojas, convierten una pared de trabajo en una composición decorativa. El suelo hidráulico, con motivos geométricos en gris y blanco, añade ritmo.
La cocina demuestra que una estructura funcional puede convivir con detalles artesanales y materiales cálidos. No hay tiradores dorados brillantes ni griferías negras, dos recursos de tendencia que Alicia descarta categóricamente. “Un dorado envejecido bonito sí, pero grifos negros o mamparas con perfiles negros, nunca. Parece que por ponerlos el baño ya se vuelve moderno y no es así”.
Dormitorios que recuperan el trabajo textil
Un cabecero de gran altura tapizado con una delicada tela floral concentra la atención. Su silueta escalonada, rematada con tachuelas, enmarca una habitación de paredes blancas. Los mismos textiles reaparecen en los cojines, creando una composición envolvente sin recurrir a demasiados muebles.


La colcha de terciopelo verde oscuro contrasta con una manta de ganchillo, una combinación de texturas que transmite la sensación de una casa vivida. Sobre la mesilla, una pequeña lámpara con pantalla plisada.
Incluso el ventilador de techo participa en esta mezcla de texturas. Sus aspas, con forma de hojas de palma, introducen un guiño natural y algo exótico en una estancia clásica.
En el pasillo, la carpintería vuelve a ser protagonista. Los armarios se integran en los panelados blancos y algunas puertas incorporan paños empapelados con la misma tela del cabecero. Este recurso permite que el almacenamiento desaparezca visualmente y convierte una zona de paso en una estancia más.
Un baño donde manda la carpintería
Un cabecero de gran altura tapizado con una delicada tela floral concentra la atención. Su silueta escalonada, rematada con tachuelas, enmarca una habitación de paredes blancas. Los mismos textiles reaparecen en los cojines, creando una composición envolvente sin recurrir a demasiados muebles.
La encimera de mármol oscuro dibuja el frente, sobre el que descansa un lavabo blanco de borde ondulado. Debajo, los armarios incorporan puertas de madera calada con un patrón geométrico, una solución que aligera el volumen y recupera el valor ornamental de la ebanistería.
Los apliques dorados envejecidos y el espejo de marco fino mantienen el tono clásico, mientras la grifería cromada evita excesos. No hay un solo elemento protagonista: es el conjunto, cuidadosamente proporcionado, el que construye la personalidad de la estancia.
Una terraza en medio de Madrid
La terraza es la última sorpresa. Protegida por una celosía blanca y rodeada de vegetación, funciona como una pequeña habitación al aire libre. El suelo de damero blanco y negro establece una base gráfica sobre la que se distribuyen muebles de fibras, estructuras metálicas claras y textiles en tonos neutros.
Dos grandes lámparas de sobremesa flanquean el sofá exterior, trasladando al exterior códigos propios del salón. Jarrones de cerámica, tulipanes, geranios y cojines bordados completan una escena concebida para ser utilizada, no solo contemplada.
Aquí vuelve a aparecer uno de los principios de Alicia: la decoración no debe imponerse a la vida cotidiana. “Quiero que los espacios sean agradables, cómodos y funcionales. Cada cliente tiene que reconocerse en su casa. Una cosa es lo que yo pondría en la mía y otra lo que necesita la persona que va a vivir allí”.
Este piso, sin embargo, sí es completamente suyo. Habla de sus años de formación, de sus viajes, de las horas recorriendo mercadillos y de una mirada que no distingue entre una valiosa antigüedad y un objeto sencillo cuando ambos son capaces de emocionar.