El complicado equilibrio iraquí: las tropas de EEUU abandonan el país ante el regocijo de Irán y el temor de los kurdos
El gobierno de Bagdad decreta cuatro días de fiesta por la retirada mientras se enfrenta a serios desafíos: desarmar milicias, evitar que resurja el ISIS y sobrevivir a una política de facciones
Iraquíes protestan frente a la embajada de EEUU en Bagdad el pasado enero (Europapress/Ameer Al-Mohammedawi)
Las últimas tropas estadounidenses abandonan Irak este miércoles, 23 años después de que un acorazado M88 tirase la estatua de Sadam Hussein en la plaza Firdos de Bagdad. Aquellos primeros días, una buena parte de los 170.000 soldados que llegaron a pisar suelo iraquí fueron recibidos entre vítores de júbilo por la mayoría chií y la minoría kurda, que celebraba la caída del régimen del dictador.
Esta vez, en cambio, los kurdos, la minoría étnica de cerca de seis millones de personas —un 20% de la población— que vive al noreste del país y dispone de su propio Gobierno regional, no se han sumado a la celebración de los chiíes. Ven retirarse a las tropas de su mayor aliado y cómo se desmontan las bases militares que los protegían de los bombardeos iraníes.
Desde la ocupación de Irak de 2003 a 2011, y tras el regreso de EEUU para combatir al Estado Islámico (ISIS) en 2014, unos 4.500 soldados enviados por las distintas Administraciones perecieron en el país. La derrota territorial de los yihadistas del ISIS en 2018 abrió ya el debate sobre la permanencia de las tropas de la coalición liderada por los estadounidenses en Irak.
"Es una situación similar a Afganistán, donde Trump firmó un acuerdo con los talibán para retirarse y Biden lo implementó. Ahora es viceversa", recuerda Wladimir van Wilgenburg, experto analista en Irak y el Kurdistán. "La situación no obstante era diferente en Afganistán, donde había una insurgencia activa contra un Gobierno respaldado por EEUU", matiza van Wilgenburg. "En Irak, los chiíes ya controlan el Gobierno", apunta el experto.
Esta mayoría religiosa del país —y en el Parlamento de Bagdad—, sigue una rama del islam que obedece a los dictados del Ayatolá iraní. La influencia de Teherán en el país es también militar, con diversas milicias leales desplegadas a lo largo de la nación.
"Irán podría beneficiarse estratégicamente de la retirada de la coalición, ya que esta elimina una presencia militar que durante años actuó como contrapeso a la influencia de Teherán en Irak", afirmaba Jasim al-Bahadli, analista de seguridad iraquí especializado en el estudio de grupos armados chiíes a Reuters.
PORArgemino Barro. Nueva YorkDatos: Unidad de Datos
"Para Bagdad, la retirada podría fortalecer su soberanía, pero también crea serios desafíos de seguridad", explica Jacob A. Stoil*, investigador especializado en Oriente Medio a El Confidencial. "Se produce en un momento de gran sensibilidad y, aunque podría reducir la vulnerabilidad de las fuerzas estadounidenses en la región, también deja a Irak expuesto a sufrir nuevos intentos iraníes de ejercer influencia sobre el país o de convertirlo en un refugio para grupos militantes afines", reitera Stoil. "Esto podría hacer que Irak se convierta aún más en un escenario de confrontación internacional de lo que ya es. Especialmente si las instituciones estatales son incapaces de implementar su propio control", advierte.
De momento, el Gobierno iraní ha empezado a venderlo como un éxito en su enfrentamiento con Washington. Este lunes, uno de los portavoces de Teherán, Amir Hayata Moqaddam, aseguraba que Irán "recibe de agrado la retirada de EEUU" mientras "grupos de resistencia están enfrentándose contra las tropas estadounidenses". Las milicias proiraníes en Irak han seguido también el ejemplo, como el caso de Resistencia Islámica, cuyo comandante Abu Mojtaba al-Yasiri describió la retirada como "una victoria histórica para los grupos de la resistencia islámica iraquí, y una derrota aplastante para el proyecto estadounidense".
Y aunque el pacto con Biden incluía a cambio de la retirada el desarme de las milicias, de momento no se han visto avances al respecto. "Al menos tres de las facciones más duras dicen que no depondrán las armas", explicaba en un podcast Jane Arraf, periodista con décadas de experiencia en Irak. "Nos sentamos a hablar con el portavoz de una de ellas, el grupo Kataib Sayyid al-Shuhada, y nos explicó que sigue existiendo una ocupación 'económica' (estadounidense)", señaló Arraf.
Lo cierto es que aunque EEUU haya retirado las tropas, sus conexiones económicas se sostienen en el país. "Irak depende de EEUU para los ingresos derivados del petróleo, ya que un acuerdo financiero establecido tras 2003 exige que todos los ingresos por ventas de su crudo se canalicen a través de cuentas en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York", explica van Wilgenburg. Uno de los hechos que hará que "EEUU mantenga su influencia" sobre Bagdad. Y prueba de ello es que "Irak haya cancelado sus vuelos a Irán por presión de EEUU" dentro de su estrategia para aislar al régimen islamista.
Una decisión que no ha sentado nada bien a la población iraquí, con manifestaciones y protestas en ciudades como Basora, y que causan más de un dolor de cabeza al joven Gobierno iraquí de Ali al Zaidi, elegido primer ministro el pasado abril.
Al Zaidi, un premier independiente que se ofrece como una opción neutra entre las ambiciones de los distintos bandos del país, corre a su vez el riesgo de carecer del apoyo de los mismos para sacar adelante proyecto alguno. De momento, el mandatario ha tenido que pedir una prórroga de casi un año a Washingtonpara desarmar a las milicias, mientras a cambio se sumaba al bloqueo aéreo contra Irán.
Esto ha alejado de su Gobierno aún más a las milicias proiraníes, que han llegado a amenazar con derribarlo. "Advertimos al primer ministro iraquí, Ali Faleh al Zaidi, y a quienes lo respaldan, que cualquier gobierno que no trabaje en interés del pueblo será derrocado por todos los medios", advertía el grupo iraquí Hezbolá en un comunicado publicado en redes.
Esta milicia iba más allá y ponía una fecha límite a al Zaidi. "Si el bloqueo aéreo contra Irán continúa después del primer día del próximo mes, nuestro pueblo adoptará una postura clara, que podría incluir el cierre de los pasos fronterizos de los países que participan en el bloqueo contra el pueblo iraní", concluía el comunicado.
Además, un tercer actor se suma a la ecuación de problemas de Bagdad. "Desde hace más de dos semanas hemos observado movimientos decélulas durmientes del Estado Islámico, después de anunciarse en los medios de comunicación que la coalición internacional se retirará oficialmente de Irak para finales de septiembre", afirmaba a Reuters el comandante kurdo Sirwan Barzani. El mismo considera que la retirada "ha elevado la moral" de los yihadistas.
Las fuerzas de seguridad iraquíes confirmaban a la agencia que el ISIS estaba organizando atentados suicidas para que coincidieran con la retirada estadounidense. "El Estado Islámico está buscando mandar un mensaje de que conserva poder y capacidad de lanzar ataques", aseguraba a Reuters el coronel iraquí Khalid al-Bayati.
En 2014, tres años después de la retirada estadounidense de 2011, el Gobierno iraquí fue incapaz de frenar el avance del yihadismo, atrapado como hoy entre el faccionalismo y las divisiones internas del propio país. "El ejército iraquí es mucho más fuerte que entonces gracias a años de entrenamiento por parte de EEUU y otros países", resaltaba Arraf, pero quien matizó que "sin embargo, carece de ciertas capacidades, como inteligencia, vigilancia y apoyo aéreo". "Precisamente las capacidades que contribuyeron a derrotar territorialmente a ISIS en Irak en 2017", resalta.
Los kurdos, los más perjudicados
La retirada estadounidense "deja vulnerable también a uno de los aliados tradicionales de EEUU" en el país, apunta Stoil: la minoría kurda. Desde la primera guerra de Irak, librada por George H. W. Bush en 1991, los kurdos han brindado su apoyo a cada intervención de EEUU en el país para ganar más autonomía respecto al Gobierno de Bagdad.
A día de hoy, el territorio cuenta con su propio ejército étnico reconocido por la Constitución iraquí, los Peshmerga. Su primer ministro, Massoud Barzani, ha liderado un esfuerzo en los últimos meses para superar las rivalidades entre facciones internas en los Peshmergay unificar las fuerzas kurdas bajo un ministerio cohesionado de cara a la marcha estadounidense.
Aun así, la retirada de las tropas "coloca al Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) en una situación difícil, ya que carece de defensas aéreas", reseña van Wilgenburg. Aunque el experto señala que el consulado de EEUU permanece activo en la región, con sus capacidades antiaéreas incluidas, los kurdos han sido uno de los blancos principales de los bombardeos iraníes. Uno de los motivos reside en el hecho de que Teherán afirma que la región ampara a grupos armados —también kurdos— de la oposición iraní, algo que el GRK ha negado.
El propio Ministerio de los Peshmerga alzó quejas el lunes ante la falta de protección. "Durante la guerra entre EEUU e Irán en los últimos meses, la región del Kurdistán fue objeto de más de 1.000 ataques con drones y misiles balísticos, algunos de los cuales alcanzaron zonas civiles. Estos ataques provocaron varias muertes y heridos, así como daños materiales", explicó en un comunicado.
El primer ministro kurdo llegó a calificar de "vergonzoso" el hecho de que EEUU los haya dejado "sin sistemas de defensa adecuados". El GRK ahora ha vuelto su mirada hacia el frágil Gobierno de Bagdad, y a su fuerza aérea, en busca de protección. "Como parte del espacio aéreo del gobierno federal, es responsabilidad y prioridad de este último asumir la responsabilidad de proteger el espacio aéreo de la Región del Kurdistán cuando sea necesario", clamaba el comunicado del Ministerio de los Peshmerga. Una responsabilidad que se suma a la larga lista de tareas del Gobierno de al Zaidi y que se ve condicionada a las negociaciones, por ahora frustradas, entre EEUU e Irán.
*Las citas de Jacob A. Stoil se basan en su propia investigación y experiencia y no representan a las del Ejército de EEUU o su Gobierno.
Las últimas tropas estadounidenses abandonan Irak este miércoles, 23 años después de que un acorazado M88 tirase la estatua de Sadam Hussein en la plaza Firdos de Bagdad. Aquellos primeros días, una buena parte de los 170.000 soldados que llegaron a pisar suelo iraquí fueron recibidos entre vítores de júbilo por la mayoría chií y la minoría kurda, que celebraba la caída del régimen del dictador.