La baza es vender progresismo en Nueva York para motivar al desalentado votante del PSOE y frenar la espantada de sus socios o aliados por la izquierda (Sumar, IU, ERC, Bildu, etc.)
El secretario general de la ONU, António Guterres, estrecha la mano al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, en 2025. (EFE/Borja Puig De La Bellacasa/Pool Moncloa)
Sostiene Varela (Ignacio) que, aunque el todavía presidente del Gobierno pierda las elecciones (insisto, marzo, so pretexto del rechazo parlamentario a los PGE 27 a finales de año), remontará o intentará remontar cabalgando sobre un PSOE hecho a su medida en el último congreso federal (Sevilla, 2024).
No lo comparto porque la derrota cantada por las encuestas es condición necesaria para que el partido vuelva a reconocerse. Y eso pasa por la cancelación del personaje.
Con la cesta del pan vacía tras la derrota que destapará la olla a presión de un partido desangrado (el remanso aparente se debe al patriotismo de partido y la conservación de un puesto de trabajo), Sánchez ya no podrá comprar adhesiones inquebrantables como ha venido haciendo hasta ahora por cuenta del ático de Ayuso y el espantajo de la ultraderecha, sin dejar de acusar a los jueces de conjurarse contra él y estigmatizar a socialistas de toda la vida que no le ríen las gracias. Los últimos están muy recientes. Uno es Eduardo Madina. Vergüenza ajena me da el mero hecho de pensar en la venenosa reacción del ministro Puente. Y el otro es el exministro José Luis Corcuera ("Sánchez nos engañó", en El Confidencial), que precisamente acusa a Sánchez, entre otras cosas, de haber estado engordando a Vox.
Pero él hace como si no supiera de estas cosas. No lo quiere saber, acostumbrado como está a autojalearse siempre jugando en casa, como el domingo en Gavá (Barcelona). Es muy otra la banda sonora de sus exposiciones abiertas al pueblo soberano, sin su querido público. Entonces su nombre es coreado por la gente a pleno pulmón y nunca para bien. Sin embargo, los difusores mediáticos de la Moncloa —algunos debidamente externalizados con ánimo lucrativo— nos trasladan su apremio por sacar la crisis de Ceuta (Bonjour Caos, sobran diagnósticos, faltan remedios) de la ecuación político-mediática.
Frente al desbarajuste en territorio "legionario" de Vivas, la soledad parlamentaria, el Gobierno dividido, el retablo de la desvergüenza (más de cien imputados por casos de corrupción) y la pérdida de credibilidad del personaje, la baza es vender progresismo en Nueva York para motivar a sus desorientados votantes. Y para impedir o frenar la ya irremediable espantada de sus socios o aliados por la izquierda (Sumar, ERC, Bildu, IU, Más Madrid, Compromís, etc.)
Demasiado tarde. Después de mostrarse tan contundente con Netanyahu y tan manso con Mohamed VI, nadie se toma en serio la densidad de sus ataques a los autócratas que le han tocado al mundo que esta semana se examina en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Y en cuanto al publicitado coloquio del miércoles que viene compartido, entre otros, con el joven y emergente alcalde progresista de Nueva York, mejor que la cosa se quede en el común apedreamiento a Trump como enemigo de la democracia, la paz y el multilateralismo.
Sánchez pierde en la comparación con Mamdani, para quien democracia es resolver los problemas reales de la gente
Si entramos en detalles sobre los relatos de uno y otro, Sánchez saldría perdiendo frente a la doctrina Mamdani: "La democracia es resolver los problemas de la gente" (vivienda, servicios públicos y una administración eficiente). Nada que ver con la deteriorada cosmovisión de la izquierda nacida de las cuatro internacionales socialistas del siglo XX, de una de las cuales viene el PSOE. Y, por supuesto, nada que ver con las motivaciones de Sánchez, centradas en mejorar su futuro político y no en resolver los problemas de los ciudadanos.
Sánchez pierde en la comparación con Mamdani, para quien democracia es resolver los problemas reales de la gente.
Sostiene Varela (Ignacio) que, aunque el todavía presidente del Gobierno pierda las elecciones (insisto, marzo, so pretexto del rechazo parlamentario a los PGE 27 a finales de año), remontará o intentará remontar cabalgando sobre un PSOE hecho a su medida en el último congreso federal (Sevilla, 2024).