¿App de empleo o de citas? LinkedIn se usa tanto para ligar que ya parece Tinder
¿Utilizar Tinder para ligar? Eso está ya muy visto. Ahora se usan también las plataformas profesionales o de 'networking'. De hecho, se utilizan para temas amorosos mucho más de lo que crees
Dos personas miran sus teléfonos móviles. (Freepik)
"Cuando estaba soltera y alguien me gustaba, sí que le he buscado por LinkedIn y le he agregado a la red como excusa. Me interesa tenerte como contacto y que veas que también estoy ahí. ¿Me explico? Aparte de buscar en Instagram, pues también busco en LinkedIn. Igual estoy loca, pero cuando me gustaba alguien, lo buscaba para cotillear más de su vida. Por ejemplo, si era de mi sector, pues veía oportunidad contactando por este portal. Si al final es otra vía de contacto, ¿por qué no hacerlo?". Laura ha intentado ligar por LinkedIn, como mucha gente.
¿Tinder para ligar? Eso está ya muy visto. Ahora se usa también LinkedIn. Cada vez más personas utilizan la reconocida plataforma profesional no para buscar empleo, sino para buscar pareja. Resulta que esta app móvil va a tener más usos que traspasan lo profesional... y lo cierto es que funciona. De hecho, Laura y su pareja se conocieron así.
En EEUU hicieron hace un par de años una encuesta respecto a esto, y los resultados de la plataforma DatingNews son reveladores. Según los datos, el 52% había concertado alguna vez una cita en una plataforma de networking. Parece que sí se pueden mezclar los negocios con el placer, sobre todo si estás soltero. Si bien LinkedIn conecta empleados y empresas, hay mucho romance que rueda por la red. Por supuesto, LinkedIn no es una aplicación de citas, pero se usa también para el amor. ¿Qué hay detrás de esto?
En realidad, los motivos por los que un soltero escoge esta red profesional para buscar un lío amoroso pueden ser varios. Para comenzar, LinkedIn puede dar mayor sensación de seguridad que otras aplicaciones de ligar. "Hay algo bastante sencillo detrás de esto: no todo el mundo se siente cómodo entrando en una aplicación de citas. En una app ya entras sabiendo para qué estás ahí. Hay una exposición bastante directa: buscas pareja, sexo, conocer a alguien… y también sabes que los demás te están mirando desde ese lugar. Para algunas personas eso resulta natural. Para otras puede sentirse forzado, incómodo o incluso agotador. En una red profesional, el encuentro puede empezar de otra manera. Ves cómo se expresa alguien, a qué se dedica, qué cosas le interesan, qué comparte, cómo habla de su trabajo. Y a veces la atracción empieza precisamente ahí, en algo que no tiene que ver únicamente con una fotografía", explica Yolanda Cuevas, psicóloga.
La psicóloga añade que, conforme pasan los años, conocer gente nueva no siempre es tan fácil como cuando teníamos veinte. Los círculos están más establecidos, muchos amigos tienen pareja o hijos, salimos de otra manera y pasamos muchísimas horas trabajando. Así que tampoco resulta tan extraño que aparezcan vínculos en espacios relacionados con el trabajo.
Además, otra razón que apunta Cuevas es que en LinkedIn, aparentemente, se miente menos. "El currículo tiene testigos. Si me invento un puesto, lo ven mis excompañeros, mis exjefes y la empresa donde supuestamente trabajé. En una app uno puede reinventarse sin coste. En una red profesional, mentir sale caro. Por eso se confía más en la información de LinkedIn que en la de una app de citas", comenta.
Después está la edad, que es la clave. Las apps se diseñaron pensando en menores de 35 y los datos lo confirman: las ha usado alguna vez el 53% de los menores de 30, frente al 20% de la franja de 50 a 64 años y el 13% de los mayores de 65, expone la psicóloga. LinkedIn, en cambio, es una red donde esas personas ya están cada día por motivos profesionales. No hay que darse de alta en nada, ni declararse soltero, ni exponerse a que un conocido te vea 'buscando'. Para mucha gente adulta, eso elimina el estigma. Aunque no tiene por qué ser así, se asume que los perfiles en el portal de empleo son reales y verificados.
"Hay algo bastante sencillo detrás de esto: no todo el mundo se siente cómodo entrando en una app de citas"
También una app de empleo proporciona información de las personas que a lo mejor otra app no concede. Algunas personas usan la red porque pueden ver el nivel educativo, el puesto de trabajo o la trayectoria en el perfil, lo que puede dar una leve idea de si existen hábitos o asuntos en común. A lo mejor el que busca pareja maneja horarios de trabajo complicados y quiere encontrar a alguien que se amolde.
Así lo explica Juanjo Marle, recruiter, headhunter y experto en talento: "En LinkedIn encuentras mucho más contexto de la persona, ya que es la red social y profesional por excelencia. En una app ves una foto, tres frases y poco más. En LinkedIn ves la trayectoria de alguien, dónde ha trabajado, qué ha estudiado, qué contactos tenéis en común y, sobre todo, cómo piensa: lo que publica, lo que comenta, cómo trata a los demás en público. Más que un perfil, es un historial de la persona, aunque enfocado en lo profesional". Esta plataforma puede dar una cierta sensación de cercanía o de asuntos en común con la otra parte.
De esta práctica, él destaca algunas virtudes. La primera es el contexto, ya que la conversación empieza por una idea o un tema, no por una foto, lo cual se parece más a cómo se conocía la gente antes de las apps. La segunda es el aval social. Los contactos en común funcionan como control implícito, la vieja intermediación de un amigo en común aplicada al universo digital, justo cuando las apps la habían eliminado del todo; y la tercera es la ausencia de mercado porque no hay descarte masivo ni sensación de escaparate. Por último, permite acercarse a alguien sin exponerse porque siempre queda el paraguas del networking. Si sale bien, era interés; si sale mal, era una conversación profesional.
"Las aplicaciones de citas hacen que la atracción aparezca muy pronto. Ves unas fotos, lees unas líneas y decides en pocos segundos si esa persona te interesa o no. Y la otra persona está haciendo exactamente lo mismo contigo. Eso puede terminar generando una sensación un poco extraña de escaparate: miro, descarto, me descartan, vuelvo a mirar. En LinkedIn conoces otras cosas primero. Cómo piensa alguien. Cómo escribe. Qué le entusiasma. Qué proyectos tiene. Cómo trata a otras personas. Incluso qué sentido del humor tiene si comparte contenido más personal. Y todo eso también forma parte de la atracción", matiza Cuevas.
No obstante, esta técnica de ligue genera un gran debate sobre la ética profesional y la incomodidad que provoca. Al fin y al cabo, se supone que LinkedIn tiene una finalidad estrictamente profesional, y darle un uso romántico puede producir rechazo o resultar poco adecuado o fuera de lugar por parte del que la utiliza. Por no hablar del riesgo laboral que puede suponer. Puede dañar seriamente la reputación profesional tanto de quien insiste como de la empresa a la que representa, lo que también puede derivar en un bloqueo de oportunidades. Si se normaliza el flirteo, los mensajes estrictamente profesionales de cara al futuro pueden ser ignorados o malinterpretados.
"En una app de citas las dos personas han dicho que sí, han aceptado jugar. En LinkedIn nadie ha dicho que sí"
"En una app de citas las dos personas han dicho que sí, han aceptado jugar. En LinkedIn nadie ha dicho que sí. Cada mensaje es una apuesta sobre alguien que solo quería trabajar. Y el desequilibrio está documentado. Un estudio con 1.000 usuarias reveló que el 91% había recibido alguna vez mensajes inapropiados o de ligoteo, y que el 74% redujo su actividad en la red por ese motivo. La encuesta de la plataforma Zety apunta igual: el 74% cree que ese acercamiento cruza una línea profesional, y los hombres tienen el doble de probabilidad que las mujeres de considerarlo aceptable. Lo que hace atractivo a LinkedIn (que nadie está allí buscando pareja) es precisamente lo que lo vuelve delicado, ya que nadie está allí buscando pareja porque no es el lugar. De hecho, las políticas de LinkedIn prohíben expresamente usar la plataforma para buscar relaciones sentimentales, pedir citas o comentar el aspecto físico de otros usuarios", resalta Marle.
Para Cuevas, el problema no está en que una pareja pueda conocerse en LinkedIn. Está en lo que hacemos después. Una conversación puede empezar hablando de trabajo y convertirse en algo personal si hay interés por ambas partes. Distinto es enviar insinuaciones, comentarios sobre el físico o propuestas personales a alguien que no ha dado ninguna señal de querer ese tipo de relación, y seguir haciéndolo cuando no hay respuesta o cuando la respuesta es claramente profesional. Ahí deja de importar si estamos en LinkedIn o en un gimnasio. El debate no es tanto dónde se puede conocer hoy a una pareja, sino si seguimos sabiendo distinguir entre sentir interés por alguien y que ese interés sea compartido.
En este sentido, Marle no cree que ligar en LinkedIn sea un drama, pero exige contexto. Si el mensaje que vas a enviar te incomodaría que lo leyera el equipo de esa persona, no estás haciendo networking. El interés se expresa una vez, con transparencia y sin envolverlo en una excusa profesional, además de que el silencio también es una respuesta. Al final, lo que separa conocer a alguien de incomodar a alguien no es LinkedIn, es cómo entras al trapo.
"Cuando estaba soltera y alguien me gustaba, sí que le he buscado por LinkedIn y le he agregado a la red como excusa. Me interesa tenerte como contacto y que veas que también estoy ahí. ¿Me explico? Aparte de buscar en Instagram, pues también busco en LinkedIn. Igual estoy loca, pero cuando me gustaba alguien, lo buscaba para cotillear más de su vida. Por ejemplo, si era de mi sector, pues veía oportunidad contactando por este portal. Si al final es otra vía de contacto, ¿por qué no hacerlo?". Laura ha intentado ligar por LinkedIn, como mucha gente.