Elsa Punset, filósofa: "Vivimos una epidemia de soledad terrible, a pesar de ser tantos en la Tierra"
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Elsa Punset, filósofa: "Vivimos una epidemia de soledad terrible, a pesar de ser tantos en la Tierra"

Las grandes ciudades han multiplicado las posibilidades de comunicación y contacto, pero también han creado una forma de vida que nos aleja

Foto: (Youtube | Wake up gente consciente)
(Youtube | Wake up gente consciente)

La soledad se ha convertido en una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo. Millones de personas comparten ciudades cada vez más pobladas y disponen de herramientas que permiten comunicarse de forma inmediata, pero eso no significa necesariamente que se sientan acompañadas.

Sobre esta paradoja ha reflexionado Elsa Punset durante una entrevista en Wake Up, Gente Consciente, donde ha abordado la relación entre el estilo de vida contemporáneo, la salud emocional y el progresivo alejamiento de la naturaleza.

"Vivimos ahora mismo una epidemia de soledad terrible, a pesar de ser tantos en la Tierra y de vivir apiñados los unos encima de los otros en estas ciudades", señala la filósofa. Para Punset, parte del problema está relacionado con una pérdida progresiva de vínculos que va mucho más allá de las relaciones personales.

La divulgadora habla concretamente de una "triple desconexión": con uno mismo, con las demás personas y con la naturaleza. Tres ámbitos que considera estrechamente relacionados y que se han visto alterados por una rutina marcada por las pantallas, los estímulos constantes y el ritmo acelerado.

El primer distanciamiento comienza, según explica, en nuestro propio interior. Punset considera que apenas quedan momentos libres de estímulos en el día a día. Los teléfonos móviles, los auriculares y otros dispositivos permiten estar permanentemente entretenidos, pero también dificultan encontrar espacios de silencio.

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La filósofa pone como ejemplo una escena cotidiana que observó durante un viaje en metro. Frente a ella había cuatro personas pendientes de sus teléfonos y tres llevaban además auriculares. Todos compartían físicamente el mismo espacio, pero apenas existía interacción entre ellos.

Precisamente por ello reivindica recuperar momentos para estar a solas sin necesidad de llenar inmediatamente ese vacío. El aburrimiento, la observación y el silencio, explica, pueden facilitar la aparición de la creatividad y permiten prestar atención a una vida interior que suele quedar relegada por la sucesión constante de estímulos.

El siguiente nivel es la desconexión respecto a los demás. Punset contrapone algunas dinámicas habituales de las grandes ciudades con las relaciones que todavía se mantienen en pueblos o comunidades más pequeñas, donde saludar, conversar o encontrarse espontáneamente con otras personas continúa formando parte de la vida cotidiana.

Para la divulgadora, la calidad de las relaciones personales resulta fundamental para el bienestar físico y emocional. De ahí que considere necesario crear espacios que favorezcan los encuentros y permitan recuperar una vida comunitaria más sencilla.

Elsa Punset alerta de nuestra desconexión con la naturaleza

El tercer elemento señalado por Punset es el progresivo alejamiento del entorno natural. La filósofa sostiene que durante miles de años los seres humanos vivieron ligados a sus ritmos, mientras que el traslado masivo hacia grandes núcleos urbanos se ha producido en un periodo relativamente corto.

A su juicio, las ciudades se han construido principalmente alrededor de dos grandes prioridades: la movilidad y la productividad. El problema aparece cuando ese diseño deja en un segundo plano otras necesidades como el silencio, el aire limpio, la biodiversidad o la proximidad de zonas verdes.

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Punset considera que este modelo puede generar una sensación difícil de identificar. Las personas crecen pensando que la naturaleza ocupa un lugar secundario y, sin embargo, pueden terminar percibiendo que algo falta en su vida sin saber exactamente qué es. Ese distanciamiento, sostiene, termina afectando también a la relación con otros seres vivos y con nosotros mismos.

Por ello defiende avanzar hacia ciudades capaces de mantener sus ventajas sin renunciar al bienestar emocional. La solución no pasa necesariamente por abandonar los núcleos urbanos, sino por introducir naturaleza en ellos y facilitar lugares que favorezcan la convivencia.

La filósofa señala iniciativas como las cubiertas y paredes verdes, la plantación de árboles o la creación de zonas naturales próximas a las viviendas. No basta, desde su perspectiva, con disponer de grandes superficies verdes alejadas de los barrios: estos espacios deben formar parte de la rutina de quienes viven allí.

La soledad se ha convertido en una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo. Millones de personas comparten ciudades cada vez más pobladas y disponen de herramientas que permiten comunicarse de forma inmediata, pero eso no significa necesariamente que se sientan acompañadas.

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