El Principito' ya lo advirtió: los amigos son lo único que no se puede comprar hecho
El clásico de culto escrito por Antoine de Saint-Exupéry establece la relevancia de la calidad de los vínculos frente a un mundo cada vez más individualista e incomunicado
Portada de 'El principito'. (Antoine de Saint-Exupéry)
Una de las reflexiones más memorables del clásico literario El Principito sobre la amistad parte de una idea sencilla: los amigos no se compran ni aparecen ya hechos. El autor Antoine de Saint-Exupéry planteó, mediante el encuentro con el personaje del zorro, que una amistad verdadera necesita tiempo, conocimiento mutuo y la voluntad de crear lazos.
La frase “Los hombres compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos” condensa esa enseñanza. En otras palabras, el zorro contrapone la facilidad de adquirir objetos terminados con la dificultad de construir relaciones personales.
Conocer de verdad a alguien exige una dedicación que ninguna tienda puede proporcionar. Por eso, cuando invita al principito a “domesticarlo”, no le propone someterlo, sino establecer entre ambos una relación que los convierta en seres especiales el uno para el otro.
Una amistad basada en la igualdad
Este significado de “domesticar” resulta esencial para comprender la reflexión sobre la amistad en El Principito. Según explica el propio diálogo recogido en la obra, se trata de “crear lazos”.
Así, antes de que nazca ese vínculo, el principito y el zorro son semejantes a miles de otros seres; después, cada uno adquiere un valor único para el otro. La relación se sostiene, además, desde la reciprocidad y no desde una posición jerárquica.
De este modo, Saint-Exupéry presentó la amistad como algo que debe cultivarse en lugar de consumirse. El pasaje recuerda que conocer a otra persona requiere compartir tiempo y construir poco a poco un vínculo.
Precisamente ahí reside la enseñanza del zorro: aquello que hace único a un amigo no puede encontrarse hecho de antemano, porque nace de la relación creada entre ambos.
Una de las reflexiones más memorables del clásico literario El Principito sobre la amistad parte de una idea sencilla: los amigos no se compran ni aparecen ya hechos. El autor Antoine de Saint-Exupéry planteó, mediante el encuentro con el personaje del zorro, que una amistad verdadera necesita tiempo, conocimiento mutuo y la voluntad de crear lazos.