No se juega con las cosas del vivir bajo techo. Ni de comer
Sobre este blog
El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.
Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.
Mil veces, sin exagerar, habrán leído en este Ojo la palabra vivienda, siempre acompañada de la admonición al Gobierno para que se dedicara en cuerpo y alma a solucionar este dramático problema. Como el que oye llover. Y decimos el Gobierno – de izquierdas- porque de esas Comunidades y esos Ayuntamientos regidos por el PP y sus Almeidas y Ayusos variados nada podemos esperar, excepto todos los incentivos del mundo para la especulación más grosera. Es su seña de identidad, como ya demostraron con la famosa ley del Suelo del gran Aznar, luz y guía de la derecha patria, origen de gran parte de los males que se acarrean desde entonces. Sabemos, claro, de las dificultades de aprobar leyes en el Congreso con las que se enfrenta el Gobierno de Sánchez, a izquierda y a derecha, más a la derecha, pero el meteorito que se precipitaba desde el espacio era tan gigantesco que hubiera ameritado la adopción de medidas urgentes y por las bravas. Cualquier cosa antes que ver salir en camilla a Mari Carmen.
Un problema universal de tal magnitud social, España es solo uno de los países en padecerlo, por fuerza tenía que remover la conciencia de los partidos de izquierda. Y así ha sido. Die Linke, la formación neocomunista que ha ganado las elecciones en Berlín, ha derrotado a los partidos consolidados y a la casi imparable extrema derecha con la vivienda como primera preocupación. También Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York, faro del más moderno progresismo, basó su programa, entre otros ítems, en los alquileres. O sea, que en todas partes la especulación miserable se ha comido la tostada, pero a eso han respondido las izquierdas -o al menos lo intentan- con el hacha en la mano. Aquí hemos hecho poco o nada, ahogados, es verdad, por el boicot de la derecha a cualquier solución, que el Perro Sanxe se cueza en su propio caldo y al déspota ni agua, y una debilidad parlamentaria obvia y más que evidente.
¿Qué propuestas han ganado votos por ahí fuera? Variadas. Mamdani anuncia la congelación de los alquileres de un millón de viviendas. Die Linke, directamente y a pelo, ya veremos si puede hacerlo, basó su victoria en la promesa de expropiar más de 200.000 pisos en manos de grandes empresas inmobiliarias o con la toma de control de estas por parte de la Administración. Su líder, Elif Eralp lo gritó con claridad meridiana en la misma noche electoral: “Si Die Linke gobierna en Berlín, nacionalizaremos”, aseguró la candidata principal del partido. Y como nos recordaba aquí mismo Íñigo Sáenz de Ugarte, otros partidos de izquierda se decantan por la construcción de viviendas. Se supone que sociales, claro. El francés Jean-Luc Mélenchon prometió en la última campaña construir 200.000 nuevas viviendas anuales durante cinco años, y los menos radicales laboristas británicos también se comprometieron a construir un millón y medio de pisos en cinco años.
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