¿De dónde demonios sale tanto voto contradictorio?
A ver: agárrenme esta parajoda –Cortázar, dixit- por el rabo. Anda la humanidad española que no vive, angustiada por el agobiante problema de la vivienda, llorando por las esquinas por el mal funcionamiento de los servicios públicos, tal que sanidad, qué dolor, o educación, qué sufrimiento. Así lo dicen los ciudadanos en las mil encuestas que se hacen en este país y así lo demuestran saliendo a la calle en manifestaciones multitudinarias, véanse las del último fin de semana. Queremos una sanidad y una educación públicas y de calidad. Bien, muy bien, se dice el Ojo. Y entonces, ¿por qué votan esos paisanos y paisanas dolientes y sufridores a los partidos que destrozan una y otra? Se ha visto el desastre, enorme, estruendoso, de la gestión en Andalucía de los cribados del cáncer, o en Madrid con el ahogamiento doloso y criminal de los presupuestos de las universidades públicas y el regalo a sus amigos ideológicos o económicos de unas universidades privadas de la señorita Pepis, vergüenza da ver sus prestaciones. Y sus precios.
Queremos una educación pública, claman en las calles con pancartas y gritos a voz en cuello. Y han votado a la reina del vermú, un altar a Malinche en la sede del Gobierno regional, ese edificio en el que se torturó a mansalva durante el franquismo. Solo deseamos una sanidad pública que acabe con la vergüenza de los regalos envenenados –para los usuarios- a las grandes corporaciones que se han hecho con la sanidad, mira cuántos meses han tardado en comunicarme que tengo cáncer. Pues han votado a Juan Manuel Moreno Bonilla, tan parecido a aquella sonrisa del régimen que se llamaba José Solís, también andaluz, por cierto, nacido en Cabra, Córdoba, egabrense de pro. ¿Son ustedes jóvenes e ignoran de quién les hablo? Breve recordatorio: fue ministro de Trabajo y secretario general del Movimiento, el partido único de Franco. Y dejó para la posteridad esta frase deslumbrante; “Las asociaciones son como las mujeres: cuanto más se usan más se ensanchan”. Pero sonreía mucho. Siempre sonreía. Un gusto ver lo simpático y campechano que era. ¿Les recuerda a alguien?
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