Vaya por delante: Donosti no es Cannes. En el teatro Lumière donde se exhiben las grandes películas del Festival francés existe una tradición, convertida en perfecta estrategia de marketing (como publicaba hace unos meses El País), que mide el éxito de una proyección con un cronómetro: cuantos más minutos de aplausos, mayor es su gloria. Son las standing ovations, que un cámara de la organización graba con plano muy cerrado sobre el director y el elenco, y que se retransmiten en ese momento en la gran pantalla para amplificar la respuesta del público. Así lo contó él mismo a The New York Times hace un par de años: si abre el plano, el cariño mengua. “En cuanto oigo que decae, vuelvo a un rostro: si está emocionado, vale. Y si no, con la cámara delante, se emocionará”, contó en una entrevista. Hace 20 años, Guillermo del Toro se llevó más de 20 por El laberinto del Fauno, Michael Moore otros tantos en 2004 con Farenheit 9/11. Y entre todas las películas españolas que han llegado a Cannes, La Bola Negra ha sido la que se ha llevado también esa palma: el pasado mayo, entre 16 y 20 minutos, según el medio en el que se mire.
Pero Donosti no es Cannes, y cuando la emoción tras una proyección se desborda, sigue teniendo trazas de autenticidad. Durante más de 10 minutos, las casi 900 personas que abarrotaban el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, se entregaron a los aplausos ante unos arrebatados Javis, Penélope Cruz, Guitarrica de la Fuente, Milo Quifes, Carlos González. Carmen Machi (que en este Festival ha hecho de todo, desde recibir el Premio Nacional de Cinematografía a esperar la llegada de Brad Pitt desde la azotea de su hotel) les lanzaba besos desde otro palco.
Los vídeos aquí no eran profesionales, la prensa no tenía acceso y las imágenes que han trascendido en redes sociales las han captado las personas que consiguieron comprar su entrada para ver la película (el aforo se agotó nada más salir a la venta). Donosti no es Cannes, Penélope Cruz apenas contenía las lágrimas, y a Javier Calvo y Javier Ambrossi se les veía desarmados de emoción. Era más de la 1 de la madrugada y todo eran besos, abrazos y saludos.
Poco antes, los directores habían concedido un par de entrevistas. “Me siento en casa”, decía Javier Calvo. “La llegada de ayer fue mágica, hemos estado como un mes y pico fuera presentando la película, un poco intentando presentarnos también nosotros mismos, quiénes somos y lo que hacemos, y realmente llegar aquí y sentir el cariño de la gente, sentir esta ciudad preciosa, nuestros compañeros, irme anoche a tomar unos pintxos, no sé, sentí la felicidad real”. Javier Ambrossi describía así su relación con San Sebastián: “Hace nueve años, yo creo, vinimos con nuestra primera peli, el Festival ha estado súper unido a nuestro desarrollo creativo, artístico y personal. O sea, hemos estado aquí con La llamada, hemos estado aquí con La Mesías en Sección Oficial. También hemos estado como productores, con Cardo, hemos acompañado otras producciones… o sea que realmente es un festival que nos ha visto pasar por todas las etapas. Entonces uno se siente muy bien”.
La bola no deja de crecer y puede hacerse gigante si, como Penélope soñaba en alto en una de las pocas entrevistas que ha concedido en el Festival, “van a pasar muchas cosas con La bola negra. Muchas. Creo que van a caer unas cuantas nominaciones. Tienen muchísimas papeletas como directores. Incluso como mejor película. No solo como película extranjera. Incluso mejor guion o hasta la canción de Guitarrica puente tener muchas posibilidades”, cuenta en El Diario Vasco.
“Puede que haya que hacer una gran fiesta ese día. Pero sobre si yo tengo posibilidades no hablo nunca. Porque es que no tengo ni idea. E intento, además, ilusionarme lo justo. Y sea lo que sea, voy a estar tan feliz por ellos. Porque sé que los Javis se van a llevar muchas alegrías”, dice Penélope. A tenor del estreno en San Sebastián, estas ya han comenzado.




