Patricia Ramírez, psicóloga, sobre quejarse constantemente: "La queja engancha"

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Quejarse provoca un alivio inmediato del malestar, pero cuando es algo habitual, puede sumergirnos en un bucle infinito.
Todos nos quejamos alguna vez. Del trabajo, del cansancio, del tráfico o de esa persona que siempre consigue sacarnos de quicio. Expresar lo que nos molesta puede servir para compartir cómo nos sentimos e incluso para buscar una solución. El problema viene cuando la queja deja de ser algo puntual y se convierte prácticamente en la única forma de afrontar aquello que no nos gusta.
La psicóloga Patricia Ramírez ha hablado sobre este tema en uno de sus vídeos. "A mí las personas que continuamente están quejándose me agotan. Me vacían, me deprimen", reconoce. Y, a continuación, explica por qué resulta tan difícil salir de esa dinámica.
La queja engancha
"La queja tiene una arquitectura neurológica que explica por qué es tan difícil abandonarla una vez que te has instalado en ella", explica la psicóloga. Según la psicóloga, cuando nos quejamos y otra persona nos escucha y nos da la razón se produce un alivio inmediato, y esa sensación puede favorecer que volvamos a recurrir a la misma conducta.
La experta relaciona este mecanismo con el sistema de recompensa y la dopamina y señala que ese alivio dura muy poco. De ahí que, según explica, podamos acabar dedicando cada vez más tiempo a expresar aquello que nos molesta: "Primero te quejas cinco minutos, luego 15 y luego terminas convirtiendo tus conversaciones en un monotema: la queja".
Por eso, para Ramírez el problema no está en quejarse de manera puntual, sino en convertir la queja en una respuesta habitual ante aquello que nos incomoda. Cuando esto ocurre, podemos acabar entrando en una dinámica en la que hablamos continuamente de lo que nos va mal y nos resulta cada vez más difícil cambiar la forma de pensar.
Poner límites a la queja constante
Ramírez también se dirige a quienes conviven con una persona que se queja continuamente y recomienda poner límites a este tipo de conversaciones. "Estaré encantada de hablar con ella siempre y cuando podamos hablar de algo constructivo, divertido, creativo, cultural, pero no de la queja", propone.
Y si somos nosotros quienes hemos entrado en ese bucle, Patricia Ramírez insiste en que podemos intentar modificarlo. "Si eres la persona que está todo el día con la queja en la boca, por favor, cambia de registro", recomienda.
Esto no significa que tengamos que evitar hablar de nuestros problemas o fingir que todo va bien. Expresar una preocupación y buscar apoyo es diferente a repetir una y otra vez el mismo malestar sin intentar avanzar hacia una posible solución.



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