¿Pelo ondulado? Cómo recuperar el rizo natural
Durante años pensé que tenía el pelo liso. No perfectamente liso, de ese que queda pulido sin mover un dedo, sino uno que necesitaba un poco de ayuda para tener forma. Después de lavarlo, lo dejaba secar al aire o recurría al secador y, casi por inercia, me hacía unas ondas. A veces vamos en piloto automático y en el mundo del pelo también, porque simplemente es lo que llevamos años haciendo sin cuestionarnos demasiado. Este verano descubrí que llevaba mucho tiempo intentando crear con una herramienta algo que mi pelo ya sabía hacer por sí solo.
La pista apareció varias veces: al salir de la playa, después de la piscina y también al lavarme el pelo en casa. Mientras se secaba, empezaban a dibujarse ondas bastante marcadas, casi rizos en algunas zonas. No había hecho nada especial. Precisamente por eso me llamó tanto la atención. Había dado por hecho que mi textura natural era otra y nunca me había parado a ver qué ocurría si la dejaba expresarse. No llegué aquí después de años de alisados ni de un uso excesivo de planchas. Me secaba y peinaba el pelo como lo había hecho siempre. Pero este año lo llevo muy largo y me apetecía darle vida a esa forma que aparecía sola, en lugar de pasar por encima de ella. Empecé a cambiar pequeños gestos y a fijarme en cuáles tenían algún efecto real. La sorpresa es que el cambio más visible no ha venido de una rutina complicada.
1º regla: dejar de intervenir tanto
Mi primer experimento fue muy sencillo, y concistía en dejar de usar el secador. Prácticamente no lo he utilizado en todo el verano y tampoco he sacado la plancha. He dejado que el pelo se seque al aire, sin intentar decidir de antemano qué forma debía tener. Esto no significa que secarlo con calor sea un error; significa que, para descubrir mis ondas, necesitaba dejar de moldearlas yo primero.
También he reducido el cepillado. Antes de entrar en la ducha, con el cabello seco, desenredo con cuidado de medios a puntas, esto siempre lo he hecho para evitar bajar los enredos hacia final del pelo y evitar que se parta. La diferencia es que no he desenredado después, en mojado. En la ducha utilizo una mascarilla, que he ido cambiando según me apetecía o lo que tenía a mano. Lo que sí he mantenido es ese rato de cuidado y el intento de no deshacer después, a base de cepillo, la forma que se va creando.
He aprendido a no tocar demasiado el pelo mientras se seca, es lo que más me ha costado. En mi caso, cepillarlo una y otra vez después de la ducha separaba los mechones y convertía una onda bastante bonita en algo indefinido. Dejarlo tranquilo requiere cierta paciencia, sobre todo cuando una está acostumbrada a arreglarlo sobre la marcha. Pero ha sido uno de los gestos que más diferencia ha marcado.
Lo que tomé del método wavy
Entonces llegué al llamado método wavy, una forma de adaptar las rutinas de definición al cabello ondulado. Hay versiones con bastantes pasos, técnicas y productos; yo me quedé con lo que tenía sentido para mi pelo y para mi vida. La idea, en mi caso, es trabajar con el cabello bien húmedo, aplicar poca cantidad de producto y animar a los mechones a recuperar su curva con las manos, en vez de peinarlos hasta estirarlos.
Después de la ducha no lo escurro hasta dejarlo casi seco. Mantengo bastante agua en el cabello y reparto una pequeña cantidad de crema de medios a puntas. Luego hago scrunch: recojo los mechones en la palma de la mano y los aprieto suavemente hacia arriba, desde las puntas hacia la raíz. Repito el gesto por distintas zonas y los suelto. Es un movimiento muy simple, pero ayuda a que las ondas se agrupen y se definan. No retuerzo cada mechón ni busco que todo quede idéntico; parte de la gracia es que unas zonas ondulan más que otras.
Aquí hay una diferencia que conviene resaltar porque yo misma habría podido pasarla por alto: dejar secar al aire y hacer scrunch no crean una textura que no existe. En mi pelo hacen más visible una ondulación que ya aparecía al mojarlo. Tampoco he seguido un protocolo rígido ni pretendo que sea la fórmula universal. He probado, observado el resultado y ajustado la cantidad de crema hasta encontrar un punto en el que hay definición, pero el pelo sigue moviéndose.
La crema que lo cambió todo
Si tuviera que señalar un producto clave de este descubrimiento, sería la “Crema sin Aclarado Nutri Rizos Secado al Aire” de Fructis. La firma la presenta como una crema de peinado para definir rizos y ondas y controlar el encrespamiento, con pectina de fruta y aceite de pistacho. Yo la utilizo con el pelo todavía bastante mojado, de medios a puntas, y en muy poca cantidad. Después hago scrunch y dejo secar. Esa combinación ha sido la que me ha permitido ver mis ondas con claridad sin convertir la rutina en un proyecto de media mañana.
Lo de “muy poca cantidad” no es una manera de hablar. Con el pelo largo es tentador pensar que cuanto más producto, mejor resultado, pero a mí me funciona empezar con poco y repartirlo bien. La crema acompaña la forma que ya tiene el cabello; no necesito que quede rígido ni con aspecto de recién peinado durante horas. Lo que me gusta es reconocerme en el espejo, solo que con una textura a la que antes no daba espacio.
Cuidar los largos para que crezca sano
La definición es una parte de la historia; la otra es cómo se sienten los largos. Me corté el pelo en julio y quiero alargar un poco más el tiempo hasta el próximo corte, siempre que conserve un aspecto cuidado. Soy consciente de que una crema no pega unas puntas abiertas ni sustituye unas tijeras cuando hacen falta. Lo que intento es mantener el cabello flexible, suave y con buena apariencia mientras sigue creciendo. Más que nada, porque sino la onda no se conserva bien, ni se define.
En la ducha he incorporado el “Tratamiento de Aclarado Reparación Exprés Savia Ultrarestauradora” de Yves Rocher. Es un tratamiento líquido que se aplica sobre el cabello escurrido antes del último aclarado, se deja actuar unos segundos y después se aclara. La marca habla de una película protectora sobre la superficie de la fibra y de una fórmula con fitoextracto de cynara y queratina vegetal. Más allá de esa descripción, lo que yo noto al usarlo es que el pelo queda especialmente flexible y agradable al tacto, algo que agradezco cuando después voy a dejarlo secar sin pasar por el secador. Lo he añadido a mascarillas prelavado para reforzar la sensación de suavidad y es un antes y un después.
Una vez a la semana recurro a “Crème Régénératrice” de Leonor Greyl. Aunque a veces se la llame crema reparadora, la firma la describe como un acondicionador nutritivo para cabellos secos: se aplica después del champú sobre el cabello húmedo, sobre todo en medios y puntas, se deja entre dos y cinco minutos y se aclara. Contiene, entre otros ingredientes, aceite de jojoba y extractos de quinoa y algas pardas. La he mantenido en la rutina semanal porque los largos se sienten más nutridos. En un pelo tan largo, que no se enrede a la mínima ya me parece una razón suficientemente buena para darle una oportunidad. Los cabellos finos es lo que tienen, y evitar el cepillado post rizo era básicamente mi misión.
Estos cuidados no son los responsables de que mi pelo sea ondulado: esa textura ya estaba ahí. Sí me ayudan a que los largos tengan un aspecto que me apetece llevar al natural. Es fácil mezclar ambos asuntos cuando una encuentra de golpe una rutina que le funciona, pero para mí cumplen papeles diferentes. Una cosa es definir la onda; otra, cuidar la fibra para que el resultado no parezca descuidado.
Y el cuero cabelludo como parte del plan de otoño
Mientras descubría qué hacer con los largos, he prestado atención al cuero cabelludo, sobre todo pensando en el cambio de estación. He usado el “Peine Renovador Cabello Root Renew Red Light Hairbrush” de STYLPRO, un cepillo con luz LED roja y vibración que se aplica sobre el cuero cabelludo. Me interesaba incorporarlo como gesto de cuidado y por acompañar el crecimiento capilar. No puedo atribuirle las ondas, que dependen de la textura y del peinado, ni afirmar que en unas semanas haya prevenido la caída estacional. Con este tipo de dispositivos, prefiero ser precisa sobre lo que he usado y prudente con lo que todavía no puedo medir.
Algunas noches también he aplicado “Triphasic Sérum de Noche Creador de Densidad” de René Furterer en el cuero cabelludo. Según la firma, su fórmula incluye niacinamida y copaifera y está pensada para actuar durante la noche sobre la pérdida progresiva de densidad. Es un producto para la raíz, no una crema que ayude a formar ondas en las puntas. Lo incluyo porque forma parte de lo que he utilizado este verano para cuidar el cabello en conjunto, sobre todo porque quiero conservar esa densidad lo máximo posible.
De cara al otoño he empezado con “Hair & Nail Booster” de Kobho Labs, un complemento alimenticio en cápsulas con biotina y otros componentes, entre ellos queratina, L-cisteína, zinc y hierro. La marca indica una cápsula al día con el desayuno y explica que la biotina contribuye al mantenimiento del cabello en condiciones normales. Acabo de incorporarlo pensando en la época en la que suelo prestar más atención a la caída: aún es pronto para decir qué efecto tendrá en mí. Tampoco considero que un suplemento pueda sustituir la valoración de una caída intensa o persistente, ni que tomarlo garantice evitar la renovación estacional del pelo.
Me parece importante separar los tiempos. El resultado que vi enseguida fue una onda más definida al cambiar la manera de secar y peinar el cabello y al usar la crema de Fructis. La calidad visual y el tacto de los largos los relaciono con un cuidado constante, aunque intervienen varios productos y no puedo aislar el efecto de cada uno. Lo que suceda con el crecimiento o con la caída necesita más tiempo, pero todo forma parte del cuidado de este nuevo pelo donde no solo me importa su apariencia, sino su cuidado de forma conjunta y también la prevención.
La trenza de la noche y lo que he aprendido
Antes de acostarme cepillo con suavidad y me hago una trenza muy floja. No busco marcar ondas artificiales ni dormir con el pelo tirante; simplemente me ayuda a que los largos no se enreden tanto y a levantarme con una forma que puedo dejar tal cual o manejar un poco con las manos. Es uno de esos gestos que solo aprecias cuando llevas el pelo largo y al día siguiente no tienes que empezar de cero.
La mayor sorpresa ha sido darme cuenta de cuánto hacía por costumbre. Me gustaban mis ondas hechas con herramientas y seguramente volveré a peinarme así alguna vez. Pero este verano, al salir de la playa y ver cómo se curvaba el pelo mientras se secaba, sentí curiosidad por probar otra cosa. No tenía que “convertir” mi pelo liso en ondulado, tenía que dejar de corregirlo el tiempo suficiente para averiguar cómo era. Ahora no espero que cada lavado acabe con las mismas ondas, ni que todos los mechones se comporten igual. Unos días quedan más abiertos, otros casi se rizan, y la humedad también hace de las suyas. Me gusta esa pequeña falta de uniformidad. He encontrado una manera de llevar el pelo largo que me resulta cómoda, tiene movimiento y, sobre todo, se parece bastante a mi pelo cuando le dejo hacer. Después de años pensando que sabía cómo era, esa ha sido la parte más interesante de todo el experimento.

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