PSICOLOGÍA

‘Indefensión aprendida’, o cuando crees que decir lo que piensas no vale la pena

Cuando sientes que no merece la pena seguir intentándolo es porque has aprendido que tus acciones no vienen acompañadas de un cambio, y este es el mecanismo que detona este tipo de comportamientos
Indefensión aprendida
Txema Yeste. Estilismo: Juan Cebrián

Indefensión aprendida y cómo nos afecta

¿Alguna vez has escuchado la explicación al porqué de que los elefantes atados con enclenques cadenas fijadas al suelo, no utilizan su fuerza para arrancarlas de tajo y salir huyendo? Se llama indefensión aprendida y tiene que ver con la sensación de que nada se puede hacer para cambiar nuestras circunstancias. Se empezó a hablar de ello en los años sesenta gracias a los experimentos llevados a cabo por los psicólogos Martin Seligman y Steven Maier, en los que observaron a un grupo de perros que, tras enfrentarse a situaciones desagradables, aprendieron que sus acciones no alteraban el resultado. A partir de ahí decidieron estudiar la otra cara de la moneda para comprobar si era posible recuperar el control.

La psicóloga Violeta Acebo describe que aunque el concepto surgió de situaciones muy concretas de falta de control, la lógica en la que se basa puede ayudarnos a entender otras experiencias como un trabajo en el que llevamos años intentando cambiar algo, una relación, una dinámica familiar o incluso determinados hábitos personales. Aclara que no significa que todas estas situaciones impliquen indefensión aprendida, sino que la sensación repetida de que nuestros esfuerzos no producen ningún resultado, puede terminar influyendo en nuestras decisiones. “No siempre empieza cuando dejamos de actuar; muchas veces empieza cuando dejamos de creer que actuar sirve para algo”.

Por su parte, Ana Galán, psicóloga especializada en ansiedad nos recuerda que nuestro cerebro aprende de las experiencias y si repetidamente vemos que lo que hacemos o decimos no producen ningún cambio, dejaremos de intentarlo, independientemente de que existan alternativas, ya que desde fuera podemos ver posibilidades que la persona que está dentro no percibe. “No siempre es que no quiera salir; a veces ha aprendido que intentar cambiar las cosas no sirve de nada”.

Galán señala que en una relación insana esto se construye poco a poco. “La persona intenta hablar, poner límites o distanciarse y puede encontrarse con culpabilización, manipulación, amenazas, humillaciones o periodos en los que parece que todo va a cambiar para después volver a la misma dinámica”. Con el tiempo, dice, puede disminuir la sensación de control y empezar a cuestionar incluso su propia capacidad para tomar decisiones.

¿Por qué siento que no puedo hacer nada?

Si intentamos averiguar por qué sucede la indefensión aprendida, ambas expertas coinciden en que no se puede determinar con exactitud. “Existen factores que pueden aumentar la vulnerabilidad, pero sería un error pensar que hay un perfil concreto de persona que ‘se deja’ atrapar en este tipo de relaciones”, aclara Galán; mientras que Acedo desvincula este tipo de comportamientos a las experiencias negativas que la persona haya vivido, y lo relaciona más con cómo percibe la relación entre lo que hace y lo que ocurre después:

Según Violeta Acedo, la investigación actual ha puesto énfasis en el papel de la percepción de control. “Las experiencias en las que descubrimos que nuestras acciones sí tienen consecuencias, pueden protegernos frente a situaciones posteriores de estrés incontrolable. De hecho en los estudios originales ya se observó este efecto protector al que Seligman y Maier denominaron inicialmente immunization”.

Consecuencias de la indefensión aprendida

Para Acedo una de las consecuencias más importantes es que se puede producir una pérdida progresiva de iniciativa, y explica que se han descrito efectos en diferentes 3 niveles: motivacional, cognitivo y emocional. Tal y como aclara, no solo disminuye la tendencia a actuar, sino que puede cambiar la manera en la que interpretamos las situaciones, impidiendo que detectemos las posibilidades de recuperar el control. “Esto tiene una parte especialmente paradójica. Una experiencia pasada puede terminar influyendo en cómo respondemos a una situación que ya no es igual, es decir, podemos seguir actuando según lo que aprendimos, aunque las circunstancias hayan cambiado”.

Galán recalca que cuando además hablamos de relaciones en las que existe violencia psicológica, física o sexual las consecuencias pueden ser mucho mayores, llegando a aparecer ansiedad, síntomas depresivos, problemas de sueño, hipervigilancia, aislamiento o síntomas relacionados con experiencias traumáticas, y refuerza la idea de Acedo al señalar la pérdida del propio criterio como uno de los efectos más devastadores. “Después de pasar mucho tiempo siendo cuestionada, puede necesitar recuperar algo tan básico como volver a sentir que puede decidir sobre su propia vida”.

La buena noticia: se puede superar

Si podemos aprender que no tenemos control, también podemos aprender lo contrario, y en esto se centró la investigación de Seligman y Maier mencionada al principio de este artículo. ”La investigación más reciente sigue estudiando la llamada controlabilidad aprendida, entendida como la capacidad de detectar que nuestras acciones pueden influir en los resultados”, declara Acedo, quien sostiene que recuperar el control no tiene por qué empezar con grandes decisiones, sino con experiencias pequeñas y concretas en las que podamos comprobar que nuestras acciones producen algún efecto.

Para esta psicóloga es fundamental matizar que no se trata de convencernos de que “todo depende de nosotros”, algo que tampoco sería realista, más bien de aprender a distinguir entre lo que podemos controlar, lo que podemos influir y lo que directamente no depende de nosotros, y nos invita a estar alerta ante las típicas frases absolutistas. “Cuando empezamos a pensar ‘da igual lo que haga’, ‘nunca cambia nada’ o ‘siempre termina igual’, podemos preguntarnos si estamos describiendo la realidad actual o si utilizando una conclusión aprendida a partir de experiencias anteriores”.