Veo Las chicas Gilmore cada otoño desde hace 26 años y siempre aprendo algo nuevo de ellas


Quizás haya pasado por las siete temporadas 26 veces, pero nunca se trata de la misma serie: cuando se estrenó yo acababa de entrar en la facultad de periodismo y me veía en Rory, luego llegaron los treinta, los cuarenta, la vida real de persona adulta, y entré en la fase Lorelai.

Vengo a confesar una cosa: cada inicio de otoño hago el mismo ritual, y con este, ya son más de veinte años. Cuando la tarde cae, enciendo mi televisor y le doy al play a una serie. A la misma serie. Siempre. Sé que llega septiembre porque me apetece volver a Stars Hollow; sé que llega la mejor estación del año porque Las chicas Gilmore me esperan con un café bien cargado en Luke’s.

Hace un año, Lauren Graham y Alexis Bledel salieron al escenario de los Emmy bajo un decorado que reproducía el salón de aquella casa modesta de Connecticut en la que habían "vivido" siete temporadas. No compartían uno desde Las cuatro estaciones de las chicas Gilmore, casi una década. Fue todo un hito al que asistimos las fans acérrimas de esta serie de los 2000. Ahora HBO Max prepara el primer documental oficial, contado desde el punto de vista del matrimonio Sherman-Palladino, sus creadores. Y esta es la mejor excusa que se me ha ocurrido para contar en público todo lo que he aprendido de ellas.

Uno no ve la misma serie dos veces

Cuando Las chicas Gilmore se estrenó yo acababa de entrar en la facultad de periodismo y, lógicamente, no pude evitar verme en Rory. Rory era yo, o mejor, yo era Rory: una chica idealista, devoradora de libros, romántica hasta la torpeza, que quería dedicarse a lo que más le gustaba del mundo, escribir y contar historias importantes. Pero claro, a ambas, después, nos dio una bofetada la vida. Durante muchos años la vi como quien se mira en el espejo de Blancanieves, en el que eres la más guapa.

Y entonces llegaron los treinta, los cuarenta, la estabilidad, la vida real de persona adulta y Rory dejó de caerme bien. Sus dudas empezaron a parecerme caprichos dentro de un privilegio que yo no me podía permitir. Sin darme cuenta, había cambiado de sitio en el sofá y ahora estaba en mi fase Lorelai, la que se levanta temprano, trabaja, paga las facturas, hace chistes para no llorar y sigue manteniendo algo de dignidad para tener una cita de vez en cuando.

El elenco principal de la serie.

El elenco principal de la serie.

©Warner Bros/Everett Collection
Emily Gilmore siempre tiene razón

Es, sin discusión alguna, el mejor personaje de la serie. Hace unos años quise escribir los mandamientos de Emily Gilmore para sobrevivir a un apocalipsis zombi. Nunca lo publiqué, pero tengo la lista: no dejarás que nadie entre en casa sin avisar; despedirás a la asistenta, aunque el mundo se acabe; nunca, en ninguna circunstancia, dirás lo que sientes cuando puedas decir algo peor; harás una lista de invitados para entrar en tu refugio anti-zombies y les darás un cóctel; tu código de seguridad para el búnker será siempre 1-1-1-1-1, y otros muchos más que tengo guardados en el cajón.

Sigo pensando que Emily sería la última superviviente de Connecticut. También pienso, y esto me cuesta más admitirlo, que la mujer a la que consideré una villana durante años es hoy uno de los personajes que mejor entiendo y con los que más empatizo.

Kelly Bishop en el papel de Emily Gilmore.

Kelly Bishop en el papel de Emily Gilmore.

Nunca hablaré tan rápido como ellas

Los diálogos a 2x casi imposibles de seguir de Amy Sherman-Palladino —guiones que, por cierto, doblaban en número de páginas a los de una serie normal— hacen que siempre haya una frase que el año anterior se me escapó, una referencia cultural, un chiste que de pronto entiendo porque he leído ese libro o pasado por ese momento vital como el personaje. Y es lo que más me gusta de Las chicas Gilmore, que siempre la redescubres, casi como la primera vez, con la ventaja de saber que nada malo va a pasar.

La serie le brindó a Melissa McCarthy el pasaporte a la fama.

La serie le brindó a Melissa McCarthy el pasaporte a la fama.

Tener un lugar seguro no es un capricho, es una necesidad

Porque eso precisamente es Stars Hollow, el pueblo donde viven Lorelai y Rory; un lugar donde todos se conocen, donde las estaciones se viven en su máximo esplendor (la nieve, el festival de primavera y verano, el laberinto de heno), donde la peor tragedia es una asamblea de vecinos dirigida por Taylor Doose. Sherman-Palladino lo encontró de verdad, conduciendo por Nueva Inglaterra en busca de la casa de Mark Twain; pararon en el pueblo Washington Depot, en Connecticut, un mes de octubre, buscando un campo de calabazas, y en el restaurante de la calle principal la gente se servía el café sola. Y ahí nació mi refugio televisivo particular, Stars Hollow.

La serie est rodada en los estudios de California.

La serie está rodada en los estudios de California.

Que se puede ser buena madre sin ser una madre perfecta

Lorelai se equivoca, se pelea, huye, se come las cosas que no debe y toma decisiones que cualquier manual desaconsejaría. Y aun así es la madre que muchas habrían querido tener a los dieciséis. La serie sostiene una idea que en el año 2000 era casi subversiva, que la relación entre una madre y una hija puede ser una amistad de verdad, con sus asimetrías, sin que eso la convierta en un fracaso.

Gilmore Girls Lauren Graham Alexis Bledel2001Photo by Ron Batzdorff
"Gilmore Girls" (Episode: The Bracebridge Dinner)Lauren Graham, Alexis Bledel2001Photo by Ron Batzdorff
El amor que sostiene no es el que hace llorar, aunque llores mucho

De esta serie también aprendí mucho sobre el amor; Dean y el dolor del primer amor, Max y sus grandes gestos (cómo olvidar las mil margaritas amarillas que le envió a Lorelai cuando le pidió en matrimonio, y qué desastre emocional en mi vida es tener esa expectativa en lo romántico, lo siento, soy Team Max), Jess, Christian, Logan, y sobre todo Luke, ese que se va cociendo a fuego lento a lo largo de los años y que al final te sorprende con fuegos artificiales.

Pero, sobre todo, el amor que más me ha quedado grabado es otro: el de a quién decidimos llamar familia. Pocas series han tratado la amistad con esa seriedad, sin convertirla en trama secundaria ni en relleno. Lorelai y Sookie no son solo compañeras de trabajo, son casi hermanas, dos mujeres valientes que se atreven a abrir un hotel juntas y sostenerse cuando todo se rompe. Rory y Lane crecen juntas con una amistad que sobrevive a Yale, a la señora Kim y a todas las novedades musicales que coleccionan.

El otoño tiene dueñas

Y son ellas, por supuesto. Y no es algo que diga yo. La era del streaming ha hecho que toda una generación que no la vio en televisión la haya convertido en su huevo de pascua del otoño, con visionados colectivos, vídeos en TikTok. Lauren Graham bromeó en los Emmy que la serie había secuestrado una estación entera, y es cierto, el otoño empieza cuando empiezas a ver el primer capítulo.

Sé lo que pasa en cada capítulo, lo que van a decir antes de que lo digan, dónde voy a llorar o que parte quiero pasar de largo. Es es lo curioso y lo bueno de una serie que se revisa durante tantos años, la trama no cambia, eres tú, devolviendo, cada temporada de otoño, una versión ligeramente diferente de ti misma. Y siempre pienso que ojalá ser tan afortunada como muchos y poder verla por primera vez.

El otoño una estación patrocinada por Gilmore Girls.

El otoño, una estación patrocinada por Gilmore Girls.