BODAS ICÓNICAS

La larga historia de amor de Sarah Jessica Parker y Matthew Broderick que empezó con un mensaje en el contestador: él era entonces la gran estrella, pero pronto ella pasó a ser la protagonista


¡Vuelven las Bodas Icónicas! Este verano, retomamos una de nuestras series más célebres con nuevos relatos sobre las parejas más fascinantes del estrellato. Aquí va la primera entrega. El 19 de mayo de 1997 se casaban por sorpresa Matthew Broderick y Sarah Jessica Parker, una de las parejas más estables y longevas de Hollywood.
NEW YORK CITY  JUNE 6   Actress Sarah Jessica Parker and actor Matthew Broderick attend the 47th Annual Tony Awards on...
NEW YORK CITY - JUNE 6: Actress Sarah Jessica Parker and actor Matthew Broderick attend the 47th Annual Tony Awards on June 6, 1993 at the Gershwin Theatre in New York City. (Photo by Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images)Ron Galella, Ltd./Getty Images

Cuando a Matthew Broderick le preguntaron en qué momento supo que Sarah Jessica Parker era la mujer de su vida, respondió: “Oh, la primera vez que la conocí. La vi caminando por la calle y pensé: 'Eso es todo”. Sarah Jessica concuerda con la impresión que le produjo el actor: “Me quedé deslumbrada. Pero su fama era tranquila. Lo llevaba como un neoyorquino”. Aquello ocurrió en noviembre de 1991 en un cine; él tenía 29 años y ella 26. Era lógico que sus caminos se cruzaran en algún momento porque pertenecían al mismo mundo: actores jóvenes que habían despuntado en los 80 y lograban combinar sus carreras cinematográficas con un profundo amor por el teatro. Aquel día estaba presente el dramaturgo, guionista y director Kenneth Lonergan (que muchos años después ganaría el Oscar a mejor guion original por Manchester by the Sea). Lonergan era amigo de la infancia de Matthew y de Pippin, uno de los hermanos de Sarah Jessica. A su vez, Matthew conocía a Pippin y Toby Parker porque habían colaborado juntos en la compañía teatral de su creación, Naked Angels. Con varios familiares y amigos en común, era cuestión de tiempo que acabaran coincidiendo.

Pese a congeniar y, según Broderick, tener tan claro su cuelgue por Sarah Jessica, tardaron un poco en dar el siguiente paso, probablemente porque, según recogía el New York Times, “Parker y Broderick se llevaron bien, pero estaban involucrados con otras personas en ese momento”. Fue meses después, el 1 de febrero de 1992, ya rotas esas relaciones, cuando él se animó a llamarla por teléfono. “Mi recuerdo es que literalmente pasaron meses en los que no le pedí una cita”, decía Matthew en una entrevista a ambos en el New York Times. “Su memoria es correcta”, confirmaba Sarah Jessica entre risas. “Dejó un mensaje muy encantador y muy modesto en el contestador automático. Ya sabes, ‘Hola, soy Matthew Broderick’. Tuviste que usar tu apellido”. Y repetía él: “Tuve que darle mis credenciales”.

Lo cierto es que en 1992 Matthew Broderick no necesitaba usar su nombre completo para que alguien le identificase. Si Sarah Jessica hace referencia a lo bien que llevaba la fama es porque entonces la super estrella era él. Aún en una órbita parecida, las trayectorias de los actores habían sido ligeramente diferentes. Sarah Jessica venía de una familia de ocho hermanos con tanto amor por el arte como pocos recursos. “Había épocas en las que no teníamos navidad o electricidad”, explicaría ella, afirmando que a veces “no tener todo lo que necesitas es una bendición”. Cantante, actriz y bailarina desde niña, la familia acabó mudándose desde Ohio primero a Nueva Jersey y luego a Nueva York para que la joven pudiera completar su formación y obtener los (lucrativos) papeles a los que aspiraba, tanto ella como sus hermanos. Lo consiguió, porque terminó protagonizando el musical Annie en Broadway, el inicio de una larga carrera en teatro, cine y televisión. Eso sí, en el 92, todavía no había tenido ningún protagonista relevante en las pantallas, más allá de la serie de televisión de instituto Square Pegs. Matthew Broderick también había sido un niño actor, pero en condiciones bastante más cómodas que las de su futura esposa. Hijo de un actor y una pintora —luego guionista—, creció en Greenwich Village, en el clásico ambiente bohemio y cultural neoyorkino, bien relacionado y con contactos a los que sabría sacar provecho. En cuanto empezó a trabajar, siendo apenas un adolescente, el éxito le acompañó. En el 83 se había convertido en el ganador más joven de un premio Tony, el mismo año en el que la película Juegos de guerra le transformó en uno de los rostros revelación de la década. No era un musculado héroe de acción ni un tío bueno al uso, era algo todavía más importante: alguien con el que miles de adolescentes “normales” del mundo podían identificarse.

Puede que cuando conoció a Sarah Jessica Parker ya no fuese el chico de moda de Hollywood, pero no le faltaba trabajo en cine ni en teatro, y todavía mantenía parte de ese carisma que le había granjeado además algunos romances con otros nombres jugosos de la industria. Empezando por su primera novia, Kyra Sedgwick, aunque ambos eran todavía unos desconocidos cuando se relacionaron sentimentalmente. En 2016 revelaron en una entrevista que habían sido novios de forma intermitente mientras estudiaban en el mismo instituto neoyorkino. Kyra bromeaba al contarlo: “Llevamos tanto tiempo casados, somos tan aburridos… necesitamos esto, será bueno para nuestras carreras”, y a continuación negaba entre risas que hubiesen llegado a “conocerse conyugalmente”. En efecto, Kyra lleva desde 1988 casada con Kevin Bacon, con el que forma uno de los matrimonios más longevos y adorados de Hollywood. Bacon es famoso, además de por su prolífica carrera, por servir de ejemplo de la ley de los seis grados de separación, que asegura que todos los habitantes del planeta estamos vinculados por un máximo de seis personas. En el caso de Hollywood son muchos menos los saltos que hace falta para vincular a dos personas, e incluso pueden hacerse solo mediante relaciones sentimentales y sexuales. Esto funciona incluso para el exiguo currículum amoroso de Kevin: antes que con Kyra Sedgwick, salió con Tracy Pollan, actual esposa de Michael J. Fox, que antes había salido de forma efímera con Sarah Jessica Parker… y con otra actriz que aparecerá a continuación.

Tras una corta relación con Daisy Foote en 1985, Matthew Broderick fue elegido para protagonizar Todo en un día (Ferris Bueller's Day Off), en la que él era el Ferris del título y una casi desconocida Jennifer Grey interpretaba a su repelente hermana. Grey también era hija de actores, nada menos que de Joel Grey, oscarizado como maestro de ceremonias en Cabaret. En sus memorias Out of the Corner, Jennifer no menciona su breve affaire con Timothy Hutton, otro actor juvenil con fama de mujeriego, pero sí explica que acababa de romper con Michael J. Fox, que pasó a salir con su compañera de escuela, Tracy Pollan (recordemos, ex de Kevin Bacon, esposo de Kyra Sedgwick, ex de Matthew Broderick, con lo que los seis grados de separación no es que se cumplan, sino que se convierten en una colmena que gira sobre sí misma). Broderick y Grey pronto empezaron a flirtear y quedó claro que en el plató se estaba gestando un nuevo romance, con los jóvenes encerrándose donde podían para dar rienda suelta a una pasión muy poco fraternal. En una ocasión, Matthew recibió la visita de una mujer, y aunque a Jennifer se la describió en principio como una “amiga de la familia”, debía de ser una amiga de las muy íntimas, porque tuvo que romper con ella antes de empezar a salir con Jennifer de forma pública. Fue un noviazgo que, por motivos diferentes, marcaría la vida de ambos.

Él siempre ha mantenido discreción sobre Grey, en parte porque su romance estuvo semioculto o intentaron no darle mucha publicidad en su inicio. Casi todo lo que sabemos sobre esa relación es por parte de Jennifer, sobre todo a raíz de sus citadas memorias. En ellas, describe a Broderick como alguien encantador y divertidísimo, pero también de ánimo muy cambiante. Pronto se fueron a vivir juntos a Nueva York —junto a Meg, la compañera de piso de ella—. Todo en un día multiplicó la fama de Broderick, convertido en la estrella del momento. Le llovían las ofertas, y no solo profesionales. Jennifer cuenta que nunca se sintió segura en su relación, siempre incómoda por la sombra de otras mujeres en su entorno. Empezando por la “amiga de la familia” y continuando con las actrices o aspirantes a ello que rodeaban de forma obsesiva a Broderick. Una de ellas fue Penelope Ann Miller, que acababa de tener entonces una relación con Woody Harrelson. Compañera de Matthew en Biloxi Blues, amenazó con abandonar el rodaje de la película si Jennifer aparecía por allí. Razonablemente escamada, Jennifer le preguntó a su novio si había algo entre él y Miller, cosa que él negó. Jennifer eligió creerle. La actriz también menciona a Delilah Pluck como una posible —o no— persona con la que Matthew le puso los cuernos y, sobre todo, a Helen Hunt. La rubia actriz y Broderick rodaron juntos Proyecto X, y según Jennifer, el joven se mostró “extremadamente incómodo” cuando ella visitó el set, y Hunt fue “poco simpática” cuando se conocieron. Grey escribe que pese al ambiente desagradable, no se percató al momento de lo que podría estar ocurriendo. Hay que decir que Jennifer tenía otros temas en los que pensar, porque estaba inmersa en el rodaje de Dirty dancing, una en principio humilde pero con posibilidades película musical junto a Patrick Swayze. Según Jennifer, Matthew no demostró mucha fe en que su novia pudiese obtener el papel, mascullando entre dientes “No sé de qué me preocupo. No hay manera de que lo consigas. Estoy seguro de que probarán a todo el mundo para ese papel”. Pero Jennifer fue la elegida, y Dirty dancing se convertiría en el título definitorio en su carrera, hasta el punto de titular su autobiografía “fuera del rincón”, por la frase la película “nadie pone a Baby en un rincón”.

Y entonces llegó el viaje a Irlanda del Norte.

Cuando Matthew tenía 8 años, sus padres habían comprado una casita en Kilcar, un pueblecito en el County Donegal (estaba claro que no eran una familia a la que fueran a cortarle la luz, como la de Sarah Jessica). Se había convertido en su destino habitual de vacaciones y una bucólica manera de conectar con sus raíces irlandesas, la naturaleza y la vida sencilla. Allí acudieron Matthew y Jennifer a pasar unos días durante el verano de 1987. No fueron precisamente unas vacaciones idílicas; llevaban juntos ya dos años y la pareja se había instalado en una crisis constante. Se pasaron los días discutiendo sobre la próxima premiere en Estados Unidos de Dirty dancing, a la que Matthew no quería asistir. En aquel contexto, la película aún estaba muy lejos de llegar a ser el hito cultural que consideramos hoy, y tras el estreno en Europa se la veía solo como una película musical de bajo presupuesto que pasaría sin pena ni gloria. En estas circunstancias, los agentes de Broderick le recomendaban que no apareciese en el estreno junto a Jennifer, en parte por no dar mucho bombo a una relación que ellos preferían que permaneciese en semisecreto, en parte para no devaluar la imagen de la estrella del momento vinculándola a una producción barata. Pero para Jennifer, el de Baby era un papel protagonista importante en una carrera no precisamente sobrada de hits, y no contar con el apoyo público de su novio en el estreno —siendo además este novio una poderosa herramienta de marketing— resultaba doloroso y humillante. En sus memorias, asegura que él odiaba acudir a estrenos y que no paraba de decir: “No pasaré por eso de nuevo”. Además en aquellos días en Irlanda del Norte les acompañaba Patsy, la madre de Broderick, con lo que la situación en Kilcar era bastante tensa.

Matthew Broderick y Jennifer Grey en 1987.

Matthew Broderick y Jennifer Grey, en 1987.

Donaldson Collection/Getty Images

El 5 de agosto del 87 Matthew y Jennifer emprendieron una excursión en el BMW que habían alquilado. En un determinado momento, Matthew invadió con el BMW el carril contrario de la carretera y chocaron contra un Volvo. Sus pasajeras eran una madre y una hija, Margaret Doherty y Anna Gallagher, de 63 y 28 años. Margaret sufría esclerosis múltiple, utilizaba una silla de ruedas y su hija la llevaba a hacer recados. Ninguna llevaba puesto el cinturón de seguridad y fueron declaradas muertas en cuanto llegaron al hospital. Según un bombero local que les atendió en el lugar del siniestro, Matthew, semiinconsciente, murmuraba “¿Las he herido? ¿Las he herido?”. El joven actor se rompió una pierna, varias costillas, sufrió daños en el pulmón y se pasó cuatro semanas ingresado en un hospital. En muy raras ocasiones ha hablado de lo ocurrido, y siempre ha hecho referencia a la amnesia que sufrió tras el golpe. “No recuerdo ese día. No recuerdo ni siquiera haberme levantado por la mañana. No recuerdo haber hecho mi cama. Lo primero que recuerdo es despertarme en el hospital, con una sensación muy extraña en la pierna”.

Jennifer sufriría un latigazo cervical que la haría padecer dolores crónicos en el cuello y la cabeza durante más de 20 años. No sería hasta que en 2009 le propusieron participar en Dancing with the stars, el reality de famosos que inspiró, entre otros, ¡Mira quién baila!, cuando se examinó con un neurocirujano experto en la columna, que le recomendó que se sometiese a una aparatosa operación o cualquier golpe o mínima lesión podría dejarla paralizada. Acabaron siendo dos operaciones, y Jennifer, acostumbrada a sentir dolor de forma habitual, recuperó su capacidad para bailar —algo que tenía un hondo significado para una mujer que sería para los restos “la de Dirty dancing”— y sobre todo, volvió a vivir sin dolor constante. “El accidente automovilístico en Irlanda fue, diría yo, uno de los tres traumas más importantes de mi vida, tal vez el más importante”, reflexionaría. “Es muy difícil describir cuando tienes una experiencia cercana a la muerte y estás presente en la muerte de otras personas”.

Por la muerte de esas personas, Margaret Doherty y Anna Gallagher, Matthew Broderick se enfrentó a un cargo de conducción temeraria por el que podía caerle una pena de hasta 5 años de prisión. El juicio se celebró en febrero del 88, y el resultado no podría haber sido más benigno con él: se limitó a una multa de 100 libras, unos 175 dólares de la época. La indignación de la familia de las víctimas fue tremenda y tildaron el veredicto de una “parodia de justicia”. Matthew les escribiría una nota de disculpa pero nunca habló con ellos personalmente. Cuando ha vuelto sobre este episodio, el actor se ha limitado a afirmar lo duro que fue superar algo así, pero que “el paso del tiempo y la terapia han ayudado”. Ese mismo paso del tiempo acabó por ayudar también a Martin Doherty, hijo y hermano de las víctimas. En su momento, señalaría que la rabia por lo sucedido le había acompañado durante años, pero finalmente había perdonado al actor tras comprender y aceptar que se había tratado de un accidente. En 2002 se habló de un posible encuentro entre ambos, pero nunca llegó a ocurrir. En 2012, cuando Broderick apareció en un anuncio de Honda, las críticas recordando aquel accidente del pasado fueron conspicuas, y se pidió la opinión de Martin Doherty, que comentó que Broderick “no era la mejor elección de conductor, conociendo su pasado”. En sus memorias, Jennifer Grey concluiría: “él era un buen conductor y nadie había bebido. Fue solo un accidente, y una tragedia”.

Tras semejante experiencia, Jennifer sintió que todas sus dudas sobre su relación ya no tenían importancia y se propuso continuar al lado del hombre —convaleciente— al que pese a todo amaba. Pocos días después del accidente, se estrenaba Dirty dancing en Estados Unidos. Su llegada a los videoclubs meses después confirmó su estatus de icono del cine de los 80, y transformó a Grey de esa secundaria poca cosa que aparecía de fondo en la pantalla en una estrella juvenil. Baby la había puesto al mismo nivel en el que estaba Ferris Bueller.

Pero con el éxito común, aquella pareja de adultos veinteañeros que interpretaban a adolescentes no vieron esfumarse sus problemas, más bien al contrario. Celos profesionales y personales, además del trauma latente del accidente, acabaron desembocando en una ruptura. Jennifer aseguraría que Madonna, amiga suya en aquella época a raíz de rodar juntas la película Noches de Broadway, escribió Express Yourself inspirada por el fin de su relación con Matthew Broderick. De haber escrito la canción pensando en su propia ruptura con Sean Penn, a Madonna el tema le habría quedado mucho menos festivo. Penn, de quien se ha afirmado que ejerció violencia contra la cantante, extremo que ella ha negado, habría llegado a dejar mensajes llenos de ira en el teléfono de Jennifer Grey, por eso poco después, cuando su vecina de la puerta de al lado, nada menos que una adolescente Winona Ryder, le confesó cómo le gustaba el actor, Jennifer se encargó vivamente de desaconsejarle cualquier intimidad con él. Madonna no solo haría una famosísima canción en honor de Jennifer, sino que celebró su 29º cumpleaños organizándole una gran fiesta bautizada como “la de las putas”. La guinda del pastel era la presencia de Alec Baldwin, el actor del que la Grey estaba fascinada. Para rizar el rizo, poco después Jennifer empezó a salir no con Alec pero sí con su hermano, el también muy atractivo William. Rompieron después de acudir juntos a los Oscar del 88.

Y entonces apareció de nuevo Broderick en su vida. Apareció de forma literal, porque la esperó en la puerta de la consulta de su terapeuta, y cuando ella salió se lo encontró de rodillas en la calle, mostrándole un anillo de compromiso y pidiéndole matrimonio en los siguientes términos: “¿Quieres casarte conmigo? Pasemos juntos el resto de nuestras miserables vidas. Tengamos hijos miserables como nosotros. ¿Qué dices?”. Ella tardó un mes en decirle que sí. Pero aquel segundo round no duró mucho.

En la ruptura definitiva estuvo implicada, de forma tangencial, Madonna. Matthew y Jennifer se encontraban en una fiesta de la cantante cuando alguien comentó que Helen Hunt estaba en la ciudad. Entonces, de forma muy oportuna, Matthew comentó que había quedado con su amigo Kenneth Lonergan (el que estaría presente en el momento en el que conoció a Sarah Jessica Parker). Cuando horas después Jennifer regresó a su casa y llamó por teléfono a su novio para darle las buenas noches, saltó el contestador. A la mañana siguiente, muy temprano, fue a casa de Matthew para descubrir que ni él estaba allí ni había señales de que hubiera dormido en su cama. Inquieta, telefoneó a Lonergan, que aseguró no haberse visto con Broderick la noche antes. De inmediato, Jennifer tuvo la certeza de que su novio estaba con Helen Hunt, intuición que se vio reforzada cuando, buscando en el escritorio de él la dirección de alguien a quién pudiera llamar para localizarle, encontró una foto de Helen en la que la rubia actriz había escrito una broma íntima. Grey acabaría telefoneando a Hunt para decirle “¿Hola, Helen? Soy Jennifer Grey. Todo tuyo”. Broderick negó que hubiese nada entre ellos, se presentó en casa de su todavía novia y llamó incesantemente al timbre, pero Jennifer no respondió y nunca volvería a hacerlo.

Tenía motivos, porque al instante siguiente pasó a estar muy ocupada con otra persona: Johnny Depp. La incipiente estrella de la serie Nuevos policías se había quedado prendado de Jennifer al verla en Dirty dancing y le rogó a su agente que les organizase una cita. Apenas una semana después de romper con Broderick, Jennifer, instalada en Los Ángeles en casa de su madre, aceptó, aplicándose el consejo que le había dado Madonna de “la felicidad es la mejor venganza”. No tuvo que hacer un gran esfuerzo para encandilarse con el que describe como “el hombre más guapo del mundo”. Su romance, en palabras de ella, “fue como una puta hoguera”. Rápido y voraz, se prometieron apenas dos semanas después de conocerse.

No fue precisamente una relación apacible. Jennifer refiere que con el éxito creciente, Depp empezó a beber y meterse en peleas. También asegura que estaba “locamente celoso y paranoico” sobre ella. Aquello duró 9 meses y el final fue abrupto de la peor de las maneras: Johnny salió una mañana para trabajar y le dejó una nota en la cama diciéndole que era el fin de su relación (algo que por cierto aparecería en un capítulo de Sexo en Nueva York). Poco después, Depp se declaraba locamente enamorado nada menos que de la amiga y vecina de Jennifer, Winona Ryder. Según escribe Jennifer, “Winona fue fotografiada con la cazadora de la moto de Johnny, todavía caliente tras los nueve meses que pasé en ella. Él quería que nos hiciésemos tatuajes con nuestros nombres y ahora su brazo ponía 'Winona forever”.

Escaldada tras tantas turbulencias amorosas, la carrera de Jennifer terminaría disolviéndose como un azucarillo después de una de las rinoplastias más comentadas del show business. Muchos años después, la actriz se casaría con el actor Clark Gregg, el que sería su marido durante 20 años (y que aparecería con un papel episódico en Sexo en Nueva York, interpretando a un ligue al que Miranda seduce haciéndose pasar por azafata). A tenor de la publicación de sus memorias Out of the corner y el consiguiente repaso a su vida, Jennifer evocaría un verso de la canción que Madonna escribió para ella, Express yourself, que rezaba: “Lo segundo mejor nunca es suficiente”. A esto, Jennifer añadiría: “He aprendido que solo pedía lo segundo mejor”.

La relación clandestina entre Broderick y Helen Hunt no duraría mucho. A principios de los 90 se vinculó al actor con la también actriz Lili Taylor, algo nunca confirmado por ninguno, y no han trascendido otros romances con más celebridades hasta que a principios del 92 le dejó el célebre mensaje en el contestador a Sarah Jessica Parker.

El currículum amoroso de la actriz no era muy extenso, pero contaba con varios nombres jugosos. Empezando por el ya citado Michael J. Fox, refulgente estrella de aquel ramillete de jóvenes monos y sexualmente poco amenazantes, y continuando por su primer novio “de verdad”, el sí amenazante pero por otros motivos Robert Downey Jr. Sarah Jessica y él se conocieron en 1984 rodando Firstborn (Un extraño en casa), y se enamoraron casi de inmediato. “Supongo que Sarah pensó que parecía lo suficientemente aterrador como para ser interesante”, bromearía él. Ambos tenían 18 años y estaban determinados a triunfar en el mundo del espectáculo, en parte quizá porque no habían conocido otra cosa: ya hemos mencionado la Annie teatral de Sarah Jessica, y en ese mismo 1984 se estrenaría Footloose, protagonizada por Kevin Bacon, en la que la joven tenía un papel secundario. Robert Downey Junior apenas empezaba una carrera en la que no tardarían en lloverle los papeles, sobre todo a raíz de su fichaje en el 85 por el Saturday Night Live. A los dos meses de conocerse, Sarah Jessica y Robert se mudaron a Los Ángeles, a una casa que había contado con inquilinos ilustres como John Lennon y Bette Davis. Tiempo después, ella definiría su relación como “ocho años realmente aventureros e importantes de mi vida”. Desde luego, aventuras no debieron faltar, y no precisamente por su costumbre de echar globos de agua a los vecinos, como contaría entre risas en entrevistas. Robert Downey Jr. era divertido, carismático, talentoso… y tenía un grave problema de adicción a las drogas. Así recuerda él su romance: “Tuvimos una relación muy conservadora teniendo en cuenta el hecho de que ella era normal y yo estaba totalmente fuera de mis casillas”.

American actress Sarah Jessica Parker and her partner actor Robert Downey Jr.
American actress Sarah Jessica Parker and her partner, actor Robert Downey Jr. (Photo by Barry King/Sygma/Sygma via Getty Images)Barry King/Getty Images

La iniciación a las drogas del actor había llegado muy pronto, en su infancia, y pasaría a formar inextricable parte de su leyenda y de la percepción que el público tiene de él. Cuando apenas tenía seis años, su padre el cineasta Robert Downey (Senior) le pasó un porro y le animó a darle una calada, todo esto tras ver que el niño había estado bebiendo vino. Años después, el padre explicaría este controvertido comportamiento en clave del contexto de la época: “Muchos de nosotros pensamos que sería hipócrita no permitir que nuestros hijos consumieran marihuana y cosas así. Fue una decisión idiota de nuestra parte compartir eso con ellos”. Dos años después, cuando Robert tenía ocho años, le daría a esnifar cocaína. “Todos podrían tomarlo todo. Eran los años 70”, contaría de nuevo. Esta mentalidad resulta difícilmente comprensible hoy, pero en el ambiente artístico, contracultural y de rebeldía contra todo lo “burgués” de aquella época… seguía resultando extraño, pero no insólito. Robert creció metiéndose cocaína junto a su padre y sus amigos. Robert Downey Senior definiría su época de adicción a las drogas como “quince años de locura total”. La relación entre ambos fue muy compleja y mutó según ambos iban creciendo y Junior se convertía en una estrella cuyas adicciones estuvieron a punto de acabar con él. Sin embargo, reacio a cualquier tipo de lectura fácil que pudiera hacerse de su existencia, Robert Downey Jr. le aseguraría a su padre: “No soy una víctima, papá. No culpo a nadie”. En 2022, el hijo realizó un documental sobre su padre, reivindicando su carrera de artista underground admirado entre otros por Paul Thomas Anderson. En él, también trataba los aspectos más crudos de su pasado en común. Robert Downey Senior falleció en 2021, a los 85 años, poco antes de que la pieza se estrenara.

El relato de los ocho años que Sarah Jessica Parker y Robert Downey Jr. pasaron juntos está de forma ineludible marcado por las drogas, con el importante matiz de que él las consumía en abundancia y ella no. “Me gustaba beber y tenía un problema con las drogas, y eso no concordaba con Sarah Jessica, porque es lo más alejado de lo que ella es”, declararía él en 2008 en la revista Parade. “Yo tenía en gran medida esa actitud post-adolescente, falsamente nihilista y rebelde de punk-rock. Pensaba que mi estilo era mucho más genial que el de la gente que realmente estaba construyendo sus vidas y carreras. Estaba ganando dinero. Era voluble e imprudentemente indisciplinado, y la mayor parte del tiempo estaba felizmente anestesiado. Sarah Jessica me sacaba de la resaca e íbamos a elegir muebles juntos. ¡Ella es una fuerza de la naturaleza! Me proporcionó un hogar y comprensión. Trató de ayudarme. Se enfadaba mucho cuando no me comportaba bien. Estaba enamorado de Sarah Jessica… Y el amor claramente no fue suficiente”.

La actriz asegura que al principio era tan ingenua que no se daba cuenta de nada de lo que estaba pasando: “Le preguntaba por qué su corazón latía tan rápido, pero lo único que se me pasaba por la cabeza era que no era bueno que hiciera tantas flexiones antes de meterse en la cama”. Sarah Jessica siempre ha eludido proporcionar los detalles más morbosos y dramáticos de aquella época, limitándose a reflexionar sobre lo que hoy reconocemos como una relación de codependencia. “Tuve que aprender cómo vivir con alguien que estaba lidiando con una adicción. Tengo un montón de buenos recuerdos pero también pasé mucho tiempo aprendiendo cómo podríamos sobrevivir y asegurándome de que estuviera bien. Amas tanto a esta persona que tienes miedo de que muera si no estás. Las decisiones más duras de ese tipo de relaciones son sentirse lo suficientemente valiente como para dejarlo, incluso si piensas que la otra persona va a morir”. En People en 2018, recalcó: “En cierto momento, tuve el coraje de decir 'me voy y sólo voy a rezar para que no te mueras”. En una entrevista con el New Yorker, Sarah Jessica comentó algo sobre ese choque que existía porque ella no consumía drogas y su novio sí: “La gente que lo rodeaba me despreciaba, pero le di estabilidad. Eso me enfadaba y me avergonzaba”. Y, de nuevo, igual que Robert Downey Jr. asumía su responsabilidad en su consumo desaforado de sustancias ilegales, Sarah Jessica lo hacía en su implicación en aquel primer amor de su vida: “Pero no me arrepiento de nada de todo lo que viví. No me arrepiento del tiempo invertido. Me enseñó cómo amo yo. Y cuál es la diferencia entre amar y cuidar a las personas, y lo que los adultos deben y no deben hacer los unos por los otros”.

Los jóvenes rompieron en 1991, justo cuando la carrera de él estaba a punto de dispararse todavía más gracias a protagonizar Chaplin. Ese mismo año 92 en el que se estrenó la película, Robert Downey Jr. dio la sorpresa al casarse con la actriz-modelo-cantante Deborah Falconer apenas un mes después de conocerse. Un año después nació su hijo en común, Indio Falconer. Pero la multiadicción de Robert no hizo sino ir a peor. Según él contaría, “todos esos años esnifando coca, y luego accidentalmente me involucro en la heroína después de fumar crack por primera vez”. Con la heroína de por medio, a Deborah Falconer le faltó tiempo para abandonar a Robert y llevarse a su hijo Indio con ella. Eso sucedió en 1996. El consumo del actor aumentó, y pronto pasaría de la esfera privada a la pública a golpe de detenciones y fotos de fichas policiales.

Los escándalos se iniciaron en junio del 96, cuando el actor fue detenido por conducir con exceso de velocidad por Los Ángeles. En su coche encontraron heroína, cocaína, crack, una pistola y cuatro balas. Un mes después, colocado, entró en la casa de una familia desconocida en Malibú y se metió a dormir en una cama —por suerte vacía— que pertenecía a un niño de 11 años. Lo llamaron el incidente “Ricitos de oro”. De ahí, fue enviado por la justicia a un centro de rehabilitación del que escapó por una ventana antes de ser detenido de nuevo. En noviembre del 96 apareció en un sketch de su antiguo programa, el Saturday night live, interpretando a un policía que encontraba heroína en el coche de alguien y comentaba en un guiño poco sutil: “En mi manual pone que si consumes drogas, vas a la cárcel y te quedas allí. No vas a un confortable centro de rehabilitación y te tomas una semana libre para presentar un programa de comedia”.

Esta dinámica sería una constante durante los siguientes años: el actor se convirtió en un running gag de Hollywood, funcionando como si fuese el único drogadicto de la ciudad y tratando sus adicciones como motivo de chiste que todo el mundo encontraba muy gracioso, el propio protagonista el primero. De fondo, sus idas y venidas de rehabilitación, sus análisis de drogas que resultaban dar positivo y sus violaciones de la condicional iban dando forma a una siniestra premonición sobre lo mismo que preocupaba a Sarah Jessica Parker: la posible, tal vez probable, muerte de Robert Downey Jr.

En 1998 fue condenado a unos meses de prisión y al año siguiente fue condenado de nuevo, esta vez por tres años, de los que acabó cumpliendo uno. Ante el juez, declararía sobre su incapacidad para dejar de consumir drogas: “Es como si tuviera una escopeta en la boca, tuviera el dedo en el gatillo y me gusta el sabor del metal del arma”. En prisión, fue entrevistado por Vanity Fair, que se hacía eco del morbo de saber si había sufrido agresiones sexuales en la cárcel —él, ni confirmó ni desmintió—, y al salir libre, en el año 2000, recibió la enésima oportunidad laboral: un papel de estrella en la serie Ally McBeal. Prueba del tirón del actor es que su cometido de reflotar la estancada ficción funcionó, y la química de su personaje con Ally —se rumoreó que existía un romance entre ellos, nunca confirmado, igual que nunca se confirmaron sus supuestas relaciones con Marisa Tomei o Jennifer Jason Leigh— se saldó con una subida de audiencias. Pero en abril de 2001 Robert fue detenido por enésima vez por caminar por Culver City drogado y se le impuso un ingreso en un centro de rehabilitación. Fue despedido de la serie, que tuvo que reescribir los guiones para darle un final digno a su personaje.

Con semejante panorama, resultaba muy complicado seguir contratando al actor, incluso cuando los propios responsables de las películas lo deseaban, porque los costes del seguro hacían inviable su fichaje. Woody Allen quiso que participase en Melinda y Melinda y no pudo. Su amigo Mel Gibson fue el que pagó el seguro de El detective cantante —su enésimo comeback—, y a él se referiría Robert en un discurso en 2011 en los siguientes términos: “Gracias a él pude tener un techo en el que cobijarme y comida en mi mesa”. Prueba de los buenos amigos que tenía y/o de su simpatía y talento es que ni aun con semejante baile de detenciones, recaídas y entradas y salidas de rehabilitación dejó nunca de trabajar, aunque los proyectos en los que se embarcaba estaban muy por debajo de su valía. Algo que sucedió en 2003 con Gótica, película protagonizada por Halle Berry y vapuleada por la crítica. Pero ese título mediocre resultó clave en la vida del actor, porque ahí conoció a la productora Susan Downey. Iniciaron un romance durante la filmación, y ella aseguraría que él se comportó de un modo muy profesional y serio hasta la fiesta de fin de rodaje. No han especificado qué hizo Robert esa noche, pero Susan se quedó tan espantada que le dio un ultimátum: o ella o las drogas. “Fue absolutamente clara al respecto”, recordaría Robert. “Eso no significa que otras mujeres, socios comerciales, directores de cine, compañías de seguros, jueces y agentes del orden no lo hubieran tenido también claro. Fue que, antes de conocer a la Sra. Downey, a mí simplemente no me importaba un carajo. Lo que cambió es que me importaba”.

El 4 de julio de 2003, en un gesto tan cinematográfico que podría estar sacado de alguna de sus películas, Robert Downey Jr. condujo por la autopista del Pacífico, detuvo el coche en un arcén y echó las drogas que llevaba encima al océano. En el año 2005 Susan y Robert se casaron, y años después nacerían sus dos hijos menores (Indio, el hijo que tuvo con Deborah Falconer, es músico, y Robert ha apoyado su carrera desde sus redes sociales en varias ocasiones). Desde entonces, el actor se ha convertido en la viva imagen de la estabilidad familiar y profesional, esto último gracias sobre todo al estreno de Iron Man y sus múltiples secuelas, la piedra sobre la que se edificó la conquista del mundo de Marvel, basada en gran parte en el carisma natural de Robert Downey Junior. Siempre que ha tenido ocasión, la estrella le ha agradecido a su esposa haberle salvado la vida, como cuando recibió el Oscar a mejor actor de reparto por Oppenheimer: “Me gustaría agradecérselo a mi terrible infancia y a la Academia, en ese orden”, bromeó al recibir la estatuilla, antes de continuar: “Me gustaría darle las gracias a mi veterinaria, quiero decir, a mi esposa. Ella me encontró siendo una mascota gruñona y me rescató, me amó hasta devolverme la vida”.

Tras la ruptura con Robert Downey Jr., Sarah Jessica se vio envuelta en un breve pero recordadísimo romance con el soltero de oro aquel momento en Estados Unidos: John John Kennedy, el hijo del finado presidente. La actriz se referiría a aquello como el “fiasco Kennedy”, pero pocas personas le hacían ascos a un affaire con un personaje tan atractivo y dotado con un aura de leyenda. La historia duró unos seis meses, hasta 1992, y según Christopher Andersen en su biografía del malhadado abogado y editor, él se veía a la vez con otras mujeres, como Madonna. Anderson también refiere que en una ocasión la actriz recibió a John Kennedy en el aeropuerto (también Kennedy) de Nueva York vistiendo solo tacones y un abrigo de visón. Sarah Jessica negaba la historia, asegurando que ella nunca había tenido un abrigo de visión. El biógrafo recoge que ella bromeaba sobre la belleza y atractivo de él diciéndole: “Está mal tener lo que tú tienes. Es injusto, como mujer, tener que permanecer a tu lado”.

“Íbamos a lugares donde no había un alma, y al día siguiente veía fotografías de nosotros allí en los tabloides”, contaría Sarah Jessica al New York Times tras la ruptura. “He sido una persona semipública desde niña, pero nunca tuve idea de lo que era la verdadera fama hasta que conocí a John. Es un buen hombre, pero, por el amor de Dios, siento que debería pedir perdón por salir con él. Se ha convertido en el factor definitorio de la persona que soy. Es patético. Cuando muera, dirán: “Oh, sí, Sarah salió una vez con John Kennedy”. Esto sucedió antes de Sexo en Nueva York y antes de la propia muerte de John John. Tras la tragedia, Sarah Jessica evitó discretamente volver a hablar sobre él, explicando: “Si él estuviera vivo me sentiría más cómoda, si él estuviera logrando todas las cosas que estoy segura que iba a lograr y viviendo una vida alegre y llena de aventuras, entonces probablemente se sentiría más cómoda respondiendo preguntas sobre él”. Sin embargo, en Sexo en Nueva York sí hubo una mención al playboy, cuando se le mencionaba como el encargado de devolver a Samantha del ostracismo social después de que una de las damas de la altísima sociedad de Manhattan descubriese que se había acostado con su marido. Tras la muerte de John John, se cambió la referencia por Leonardo Di Caprio.

Tras este romance de alto voltaje mediático, Sarah Jessica habría mantenido un no confirmado affaire con Nicholas Cage, con quien protagonizó Honeymoon in Vegas, en 1991. Sin embargo, cuando los medios recogían que ella tenía otra pareja en el momento en el que conoció a Broderick, es más probable que se refieran al músico Joshua Kadison, del que se dice que compuso su hit del 93 Jessie por ella. En cualquier caso, lo de Kadison no llegó muy lejos; poco después vendría el mensaje en el contestador de Matthew Broderick pidiéndole una cita y ya no habría vuelta atrás. “Tuvimos nuestra primera cita oficial el 8 de marzo de 1992 y hemos estado juntos desde entonces”, contó ella en The Howard Stern Show. “Nunca hemos pasado una noche separados desde entonces, con la excepción del trabajo en exteriores, o cuando su madre estuvo enferma y fue a cuidarla, pero desde esa primera noche nunca nos hemos separado”.

Sarah Jessica Parker y Matthew Broderick.

Sarah Jessica Parker y Matthew Broderick.

KMazur

Así fue. Desde aquel momento, ambos formaron una pareja sólida y con apariencia de indestructible, justo en el momento en el que la carrera de ella adquiría papeles de más enjundia. En 1996 protagonizaron juntos el musical How to Succeed in Business Without Really Trying, por la que Broderick ganaría un segundo Tony, y en las entrevistas promocionales ella declaraba, rendida: “Es probablemente el tipo más divertido que he conocido en toda mi vida. Es tan brillante, tan guapo, creo que es el hombre más guapo que he visto en mi vida. Y él me inspira. Estoy absolutamente loca por él”. En esas mismas charlas negaba que tuviesen planes de boda, pero un año después, celebraban una ceremonia en la sinagoga neoyorkina Angel Orensanz.

Fue el 19 de mayo de 1997. Habían invitado a 100 amigos a lo que se supone que iba a ser una fiesta, pero les sorprendieron casándose. Cuando se le preguntó a ella si había albergado fantasías nupciales, su respuesta fue: “Nunca pensé en un vestido de novia. Nunca. Ni siquiera había soñado despierta con eso. En un momento simplemente recuerdo que pensé: ‘Dios, realmente espero que me pida que me case con él’. No sé cuándo ni por qué. Fue bastante pronto”. Rehuyendo un atuendo clásico de novia, Sarah Jessica, que poco después se haría célebre por sus elecciones estilísticas, lució un vestido negro de Morgane Le Fay. “Me daba mucha vergüenza casarme vestida de blanco, y tanto Matthew como yo éramos reacios a que la gente nos prestara tanta atención”, contó en una entrevista a Marie Claire. “Lo cual es ridículo porque puedes disfrutar de la atención cuando es natural. Lo tratamos como si fuera una gran fiesta un lunes por la noche y lo lamento”.

Fotografiados en 1997 el año de su boda.

Fotografiados en 1997, el año de su boda.

Darlene Hammond/Getty Images

Se encontraban en un momento curioso de sus vidas profesionales; para Broderick atrás habían quedado los días de Lady Halcón o Todo en un día, pero seguía siendo un respetado actor en el teatro y aunque ya no era el gran reclamo de las películas en las que aparecía —en Godzilla desde luego lo era el monstruo, en El rey león, los dibujos, y en Un loco a domicilio, Jim Carrey—, seguía estando ahí. Sarah Jessica aparecía como una opción fiable para papeles secundarios, pero lo difícil que resultaba que encajase en un molde tradicional de sex symbol o actriz de carácter ‘vecina de al lado’ no le proporcionaba oportunidades de gran renombre. Ella misma expresaba así sus sentimientos contradictorios hacia la interpretación: “Lo que hace que una verdadera estrella de cine sea cuando le das al público exactamente lo que quiere. Como con Woody Allen. Esperamos algo de él, lo disfrutamos y queremos más. Y nunca lo lograré porque ese es mi gran miedo: ser yo misma”. Dos años después de estas palabras, Sarah Jessica se transformaría para siempre en un personaje que todo el mundo identifica con ella, como si no hubiese fronteras entre ambas. Y sobre ese personaje edificaría un emporio y una refulgente carrera.

Fue en la televisión, en el momento en el que para un actor de cine terminar ahí suponía decididamente un paso atrás. Pero se trataba de HBO, que estaba redefiniendo la frontera de qué se esperaba de una serie de ficción con su lema “no es televisión, es HBO”. Así que Sarah Jessica se reunió con Darren Star, creador de lo que en aquel momento era solo un guion, para hablar del proyecto. “Matthew lo ha leído”, le contó. “Y dice que si hago esto podría volverme muy famosa”. Aquel guion era el de Sexo en Nueva York, y el resto es historia.

Pese a la identificación absoluta que el público hizo entre actriz y personaje, Sarah Jessica insistiría en que ella no era para nada Carrie Bradshaw, más allá de pasarle algunas manías suyas como el odio al perejil. Con el tiempo, terminaría convirtiéndose en productora de la serie y haciendo más “suyo” el personaje, al menos en lo estético y más superficial. Pero en el fondo, siempre dejó claro que ella no había sido nunca, o durante muy poco tiempo, “una chica soltera”. En otras declaraciones comentaría lo bien que se sentía por no tener citas y poder rodar la serie estando felizmente casada. Famosa por ser la más recatada de las actrices del reparto, reacia a cualquier desnudez, aseguraba que la serie hablaba de cosas “completamente desconocidas. Nunca podría hacer nada de eso en mi vida. Sería inmoral. Sería una falta de principios. Un affaire, maridos, besos, compras, bebidas... ¡caprichos, caprichos, caprichos!”.

Esta dicotomía entre la vida de Carrie y la vida real producía curiosas ironías, como cuando Sarah Jessica se quedó embarazada de su primer hijo y hubo que acortar la quinta temporada de la serie y disimular la barriga de la actriz con vestidos vaporosos y todo tipo de obstáculos visuales ante su vientre. Su primer hijo, James Wilkie Broderick, nació en 2002. Y en 2009, ya con la serie Sexo en Nueva York terminada, Broderick y Parker decidieron tener unas hijas gemelas por vientre de alquiler. En un país como Estados Unidos, sin apenas debate sobre el tema, el asunto era todavía novedoso, y Sarah Jessica explicaría el proceso en varias entrevistas. Para empezar, explicaron que habían deseado que su hijo tuviese hermanos porque Matthew y ella eran “padres mayores y no quería que él tuviera que soportar la carga de nosotros, más adelante en la vida, solo”. “Intentamos, intentamos e intentamos que me quedase embarazada, pero simplemente no fue así, de la manera convencional. Daría a luz tan a menudo como pudiera, si pudiera. Apreciaba todas las piedras en el camino, las buenas y las malas”. Se hizo público también el nombre de la gestante, Michelle Ross, una madre soltera de 26 años de Ohio, y en un reportaje sobre el embarazo, Sarah Jessica mencionaba que solo hubo una pequeña discusión porque ellos no deseaban que ella viajase a otro estado por si se ponía de parto. El resto del relato siempre fue dulce y positivo: “No pudimos hablar con nadie del hecho de que íbamos a tener hijos durante muchísimo tiempo”, contaría Sarah Jessica. "Todo lo que importa es secreto y preocupante. No puedes hablar de lo que sientes por la mujer que está embarazada de tus hijos; sólo puedes hablar de ello con tu marido. Y él simplemente no quiere hablar de eso tanto como tú”. Marion y Tabitha nacieron en 2009. Los tabloides se ocuparían brevemente sobre Michelle Ros, conocida como la “madre surrogada” o la “tatuada y bisexual rockera”, difundiendo que habría cobrado por gestar y parir a las niñas 30.000 dólares y que ya lo había hecho con otra pareja el año anterior. Posteriormente, dos policías fueron acusados de haber allanado la casa de Ros para robar el contrato por el embarazo y ecografías de las bebés. Un año después del nacimiento de las niñas, Michelle Ros seguía viviendo en la misma casa de una deprimida ciudad de Florida, conduciendo el mismo coche y estaba embarazada de nuevo en las mismas condiciones, para entregar al bebé en cuanto diera a luz.

Desde entonces, pocas polémicas, ni siquiera tangenciales, han afectado al matrimonio Broderick-Parker. Él sigue siendo un nombre seguro en teatro, cine y en pequeñas apariciones en televisión. Ella, un icono de la moda, la televisión y la cultura popular, se ha convertido de forma definitiva en la estrella más rutilante de la pareja. A Robert Downey Jr., aquella tempestuosa primera relación importante, cuando se le pregunta por Sarah Jessica, refiere: “Ella estaba destinada a seguir adelante. Después de un poco de dolor de corazón, estaba destinada a encontrar su hogar con una gran estrella. Él es mucho más talentoso que yo. Ella es tan genial, tan genial, tan divertida y está tan al mando de todo. Pude conocer a sus hijos y vi la forma en que ella y Matthew viven y los respeto mucho a ambos”.

In this image released on January 8 2026 Matthew Broderick and Sarah Jessica Parker at the Golden Eve The Golden Globes...
In this image released on January 8, 2026, Matthew Broderick and Sarah Jessica Parker at the Golden Eve: The Golden Globes Honor Helen Mirren & Sarah Jessica Parker held at The Beverly Hilton on January 06, 2026 in Beverly Hills, California. (Photo by Gilbert Flores/Penske Media via Getty Images)Gilbert Flores/Getty Images

Sarah Jessica y Matthew han seguido acudiendo a Kilcar, en Irlanda del Norte, el pueblo en el que él mantiene la casa de sus padres, y pese a su alto perfil público, intentan vivir con dos neoyorkinos, millonarios y famosos, pero neoyorkinos pese a todo. Él es discreto sobre su vida familiar, declarando: “Una vez que empiezas a hablar sobre tu relación y tus sentimientos en público, estás en problemas. Además, tenemos hijos. No quiero que mis hijos lean sobre nuestra relación. Tratamos de mantener algo de privacidad, un círculo alrededor de la familia, para que todos podamos tener una vida lo más normal posible”. Ella, pese a que afirma también en principio “no hago declaraciones sobre mi matrimonio. No hablo de mis hijos”, acaba con mucha más facilidad sincerándose sobre su vida íntima: “Amo a Matthew Broderick. Llámame loca, pero lo amo”, declaraba en una ocasión en Harper’s Bazaar. “Solo podemos estar en el matrimonio que tenemos. Somos muy devotos de nuestra familia y de nuestras vidas. Amo nuestra vida. Amo que él sea el padre de mis hijos, y es gracias a él que existe todo este otro mundo que amo”. También han trabajado juntos en teatro, en la obra Plaza Suite, que se iba a estrenar en marzo de 2020 hasta que sucedió un pequeño inconveniente llamado pandemia mundial del COVID 19.

En el estreno de ‘Plaza Suite en febrero de 2022 en el The Hudson Theatre de Broadway.

En el estreno de ‘Plaza Suite’, en febrero de 2022 en el The Hudson Theatre de Broadway.

Bruce Glikas/Getty Images

Hubo que posponerla y finalmente se montó sobre los escenarios tiempo después, con muy buenas críticas. Lo han seguido compaginando con papeles en series, como el de él en Medicina letal, sobre la crisis de los opiáceos en Estados Unidos, y el de ella regresando a su personaje estrella, Carrie Bradshaw, en And Just like that. Frente al retorno de Carrie al mundo de las citas y las relaciones efímeras, ella sigue formando parte de una de las parejas de celebridades más asentadas y en apariencia, felices. Sobre esto incidiría Sarah Jessica en otra ocasión: “Realmente somos amigos más allá de todo lo demás y hablamos mucho”. Cuando se le pedía un consejo matrimonial, respondía: “Sigue hablando con tu pareja, supongo, y sé lo cliché que suena eso. Definitivamente, demasiado silencio no es una buena idea”. Y Broderick, satisfecho con el estatus que ambos tienen, bromea sobre la reacción del público: “Siempre me dicen ‘Ey, Ferris, me encanta tu esposa’. Por lo menos se acuerdan de algo mío”.