El, probablemente, eslogan publicitario más popular del último siglo surgió en un anuncio publicitario de, lo han adivinado, pelo. “Uso el tinte más caro del mundo. Preference, de L’Oréal. No es que me importe el dinero. Es que me importa mi cabello. No se trata solo del color. Espero un color estupendo, pero lo que más me importa es cómo se siente mi cabello. Suave y sedoso, pero con cuerpo. Lo noto bien cuando me toca el cuello. No me importa gastar más en L’Oréal. Porque yo lo valgo”, decía la modelo del spot, rodado en 1971 por la creativa Ilon Specht. La anécdota sirve para ilustrar a la perfección la importancia del cabello en general y en el emporio de la cosmética que nació en 1909 con, de nuevo, una fórmula de coloración dirigida a las flappers del momento, que aspiraban a peinarse a lo garçon y a teñirse de rubio platino. La laca Elnett es otro de los productos icónicos de L’Oréal París, pero si le decimos “porque yo lo valgo” lo más probable es que piense de inmediato en alguna de sus celebérrimas embajadoras —de Eva Longoria a Paz Vega y su “pelo mediterráneo” de los primeros 2000— proclamando el lema mientras exhiben una melena de cine.
Hay pocas cosas más democráticas que un champú de Elvive: sea cual sea su largo, su tono o su calidad capilar, encontrará uno a su medida; disponen de una gama para “pelo teñido anaranjado”, tal es el grado de especialización. Y su aceite en seco es tan efectivo —y adictivo— que convence hasta a los reticentes a las texturas oleosas y a los escépticos ante los productos milagrosos.
El Tratamiento Aceite Extraordinario para pelo seco de L’Oréal París cumple lo que promete. Hidrata, nutre y da esplendor, pero sobre todo mima la fibra capilar de agresiones externas como el calor, la humedad, los procedimientos químicos o el secador y otras herramientas de peinado para que el cabello luzca brillante, suave y resulte fácil de peinar. Lleva aceite de camelia, una flor que ha demostrado su eficacia a lo largo de los siglos; y de marula, imbatible hasta en los casos más graves de cabellos quebradizos. Probarlo es amarlo.

