En un momento en el que el bienestar parece estar en todas partes, desde rutinas virales hasta listas interminables de hábitos “perfectos”, volver a lo esencial se ha vuelto más necesario que nunca.
Más allá de la estética o las tendencias, hoy el verdadero wellness se redefine como una conexión profunda entre cuerpo, mente y emociones. En esta conversación, Carla Remes —bailarina y pionera del barré en México— comparte su visión sobre el movimiento como una herramienta de conciencia, sanación y equilibrio, y nos recuerda que escuchar el cuerpo puede ser el primer paso para transformar la vida.
Actualmente escuchamos el término “bienestar” en todas partes, pero a veces parece tener mil definiciones distintas. Para ti, ¿qué significa realmente el bienestar hoy?
“Para mí, el bienestar es algo completamente integral, un concepto 360 grados. No se trata solo de hacer ejercicio por hacerlo, sino de cuidar muchos aspectos de tu vida: elegir un movimiento adecuado para ti, que cuide tus articulaciones, tus huesos, tus ligamentos y también tu mente”.
“Tiene que ver con fortalecerte desde adentro, no solo físicamente por fuera, sino a nivel interno, muscular y emocional. Y, claro, también incluye una alimentación saludable, una vida con menos estrés y hábitos que te hagan sentir bien. El bienestar no es únicamente ‘verse bien’; es construir un cuerpo y una vida que se sientan bien”.
Justamente ahora vemos una enorme conversación alrededor del wellness, especialmente en redes sociales. ¿Crees que existe cierta romantización del bienestar?
“Sí, definitivamente hay muchísima información alrededor del tema. Y aunque me parece positivo que cada vez más personas se interesen por cuidar su salud, también creo que es importante aprender a distinguir qué funciona para cada quien”.
“No existe una sola fórmula. Tu ejercicio ideal depende de muchos factores: tu edad, tu estilo de vida, si tienes lesiones, si estás embarazada, si estás atravesando cambios hormonales… todo influye”.
“Por eso creo que el bienestar debe ser algo mucho más personalizado y consciente, no simplemente seguir tendencias”.
¿Cómo comienza tu amor por el movimiento y por el barré, siendo además una de las pioneras de esta disciplina en México?
“Empezó desde muy chiquita. Estudié ballet desde los tres años y más adelante trabajé profesionalmente en teatro musical, danza y canto. Con el tiempo entendí que mi pasión no era solo moverme, sino también ayudar a otras personas a sentirse fuertes, cómodas y bien consigo mismas. Todo nace de ese amor profundo por el movimiento y por lo que puede generar en la vida de alguien”.
¿En qué momento entendiste que esto iba más allá del fitness y se convertiría en una filosofía de vida?
“Lo entendí dando clases y escuchando a la gente. Me di cuenta de que todos necesitamos herramientas para sentirnos mejor: a veces es terapia, otras veces es movimiento, pero siempre hay una búsqueda de bienestar”.
“Mi comunidad fue la que me enseñó eso. Ahí entendí que esto no era solo ejercicio, sino una forma de acompañar procesos personales”.
¿Qué diferencia al barré, como tú lo enseñas, de otras prácticas físicas más convencionales?
Yo enseño desde un lugar muy consciente del cuerpo y de las necesidades individuales. Como bailarina conozco profundamente la alineación y la anatomía corporal, pero entiendo que muchas personas llegan sin haber hecho ejercicio antes.
Entonces mi método busca que el movimiento se sienta accesible, seguro y funcional. Que las personas puedan engancharse con algo que disfruten, que les haga sentir bien y donde además vean cambios reales.
Ahora las personas buscan más que resultados estéticos; quieren construir una relación distinta con su cuerpo. ¿Qué crees que nos enseña el cuerpo cuando realmente lo escuchamos?
“El cuerpo siempre habla. Si te duele el cuello, la rodilla o el tobillo, algo te está diciendo. El problema es que muchas veces no sabemos escucharlo”.
“El barré te hace mucho más consciente de eso. Entiendes que antes de usar tacones necesitas fortalecer tobillos, o que antes de cargar mucho peso hay un proceso que preparar. Te enseña a respetar tu cuerpo y sus tiempos”.
A lo largo de estos años, ¿has visto transformaciones emocionales en las personas que practican barré?
“Muchísimas. Y honestamente eso es lo que más me motiva. Claro que hay cambios físicos, pero para mí lo importante es ver cómo las personas recuperan confianza, disminuyen dolores, superan limitaciones o vuelven a sentirse capaces”.
“Yo siempre digo que el cuerpo es sagrado. Es el único que vamos a tener toda la vida y merece que lo cuidemos para que nos sostenga y nos acompañe bien”.
El barré combina fuerza, control y precisión. ¿Qué metáfora encuentras entre esta práctica y la vida diaria?
“Que el bienestar debería integrarse a la vida como algo esencial. Así como comes o duermes, el movimiento tendría que formar parte natural de tu rutina”.
“No verlo como una obligación, sino como una herramienta para sostenerte física y emocionalmente”.
¿Por qué crees que el barré conecta tanto con las mujeres actualmente?
“Porque conecta muchísimo con el cuerpo y con la feminidad, aunque también es una disciplina para hombres. Además, creo que hoy estamos entendiendo que no es una moda. El barré existe desde los años cincuenta; simplemente ahora estamos redescubriendo lo funcional y efectivo que puede ser. Cuando algo realmente funciona para tu cuerpo, deja de ser tendencia y se convierte en parte de tu vida”.
¿Qué cambia primero: el cuerpo o la mente?
“Yo creo que el cuerpo puede transformar la mente. Toda mi vida he trabajado desde el movimiento y sé el efecto que tiene sobre la calma mental. Muchas veces la mente interrumpe el proceso. En clase siempre les digo: “No pienses demasiado”. Porque cuando pensamos de más dejamos de confiar en la sabiduría natural del cuerpo”.
¿Crees que el movimiento puede ser una forma de sanar?
Cien por ciento. Para mí, el movimiento es medicina.
El cuerpo guarda emociones y si no las movemos, se quedan estancadas. Caminar, respirar, moverte, darte un espacio para ti… todo eso ayuda a liberar tensión y a sentirte mejor emocionalmente.
¿Cómo integras el descanso dentro de una disciplina tan enfocada en el movimiento?
Creo que todo se trata de balance. Vivimos en una ciudad acelerada y es fácil olvidarlo, pero otra vez volvemos a lo mismo: escuchar el cuerpo.
Tu cuerpo te va a decir cuándo necesita dormir, descansar o bajar el ritmo. Solo hay que aprender a poner atención.
Porque justamente ahora el wellness puede sentirse más como presión que como bienestar…
Exacto. Por eso es importante no perder el foco y no convertir el bienestar en algo superficial o basado únicamente en la apariencia.
No se trata de cómo te ves, sino de qué necesitas. Y cada persona necesita algo distinto. A lo mejor alguien necesita barré y otra persona necesita box para liberar emociones. No existe una sola manera correcta de sentirse bien.
Después de toda esta trayectoria, ¿qué ha redefinido tu manera de enseñar?
Confiar en mi proceso y en mi visión. Entender que voy por el camino correcto y que este enfoque más humano y consciente realmente conecta con la gente.
Para cerrar, ¿qué mensaje le darías a las nuevas generaciones de mujeres que quieren construir algo propio?
Que escuchen su cuerpo. Que se den la oportunidad de conectar con él y entender qué necesitan realmente.
Y claro, que prueben el barré como una herramienta para tomar conciencia física y mental de su salud. Porque al final, el bienestar empieza ahí: aprendiendo a escucharte.



