Ir al contenido
Un proyecto deJanssen

Las claves para identificar la psoriasis en niños y adolescentes

Las lesiones son más superficiales y finas y surgen en la cara, en el cuero cabelludo o en la zona del pañal. Un tratamiento adecuado desde el principio y un estilo de vida saludable reducen muchas de las complicaciones de la enfermedad en la edad adulta

El 30% de los pacientes con psoriasis manifiestan el primer brote de la enfermedad antes de los 20 años.iStock

Existen formas de detectar la psoriasis en niños y adolescentes, fundamental para pautar un tratamiento adecuado desde el principio. Esta enfermedad inflamatoria inmunomediada (IMID) tiende a confundirse en los menores con la dermatitis atópica, la dolencia más común de la piel a esas edades. Pero la forma de las lesiones y las zonas en las que brotan guían al pediatra en atención primaria y al dermatólogo.

Raúl de Lucas, jefe de sección de Dermatología Pediátrica del hospital La Paz (Madrid) y especializado en psoriasis, da unas claves. En los lactantes, las rojeces en la zona del pañal son un indicio. Las placas en la cara, en los párpados, una parte muy poco común en los adultos, también son una señal. La psoriasis infantil suele manifestarse en el cuero cabelludo. “Las descamaciones de la piel son más finas y redondeadas, recuerdan al eczema”, añade. El 30% de los pacientes con psoriasis debutan (es el verbo que utilizan los médicos) antes de los 20 años. Un diagnóstico precoz resulta primordial para para poder pautar cuanto antes el tratamiento adecuado, y así prevenir muchas de las complicaciones que se producen cuando son adultos.

La psoriasis infantil, en tres claves

DetecciónUn tercio de las personas que padecen la enfermedad la han manifestado antes de los 18 años. 

Signos exterioresLas lesiones en niños son habitualmente más pequeñas, finas y descamativas, de morfología anular y más eccematosas.

Zonas afectadas Las áreas más afectadas suelen ser el cuero cabelludo y la cara, seguidas de la superficie de rodillas, codos, tronco e ingles.

Fuente: Acción Psoriasis, Acta Pediátrica Española, Academia Española de Dermatología y Venereología 

De Lucas destaca de sus pacientes –la franja de edad va de los 0 a los 20 años– que “están empezando a vivir, por lo que pueden seguir unos hábitos de vida saludables desde muy jóvenes, evitar el tabaco, el alcohol, comer sano, hacer ejercicio”. Las personas que sufren psoriasis tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular, afirma De Lucas. Su esperanza de vida es entre dos y tres años menor, “y la de cosas que se pueden hacer en ese tiempo”, afirma de manera coloquial, como una forma de alentar a sus pacientes a que sigan sus consejos y los de enfermería, la especialidad encargada de realizar seguimiento.

Una invisible inflamación del organismo

La psoriasis que todo el mundo conoce se manifiesta en placas en los codos y las rodillas, descamaciones en el cuero cabelludo que se confunden con caspa, rojeces en los pliegues… pero debajo de estas lesiones se oculta una inflamación generalizada del organismo que puede desencadenar enfermedades secundarias, hipertensión, sobrepeso, diabetes, ansiedad… El estilo de vida ayuda a prevenir las llamadas comorbilidades, y De Lucas persevera, “insisto mucho en todo lo que uno puede controlar desde el minuto uno”.

“Un diagnóstico precoz ahorra sufrimiento, inflamación y comorbilidades como la afectación articular”

Raúl de Lucas, jefe de sección de Dermatología Pediátrica del hospital La Paz (Madrid)

A ello hay que sumarle los avances que se van produciendo en medicina. “Los fármacos biológicos ahora tienen mucha potencia y mucha seguridad”, resume De Lucas. “Ya no solo son los ensayos clínicos, sino que hemos adquirido mucha experiencia en la vida real”, cuenta con respecto a hace cinco años, cuando respondió a unas preguntas similares para otro reportaje de esta serie sobre psoriasis denominada En tu piel.

“Un diagnóstico precoz ahorra sufrimiento, inflamación y comorbilidades como la afectación articular”, dice el dermatólogo de La Paz. El 30% de los pacientes de psoriasis desarrollan artritis psoriásica, una dolencia que daña las articulaciones, los tendones y la columna. La afectación articular se da en los menores en dos picos de edad: bien a los 2-3 años o a los 11 años. Lo normal es que sufran inflamación en más de una articulación. Los adultos en cambio suelen ver afectados un solo tobillo o una rodilla o un dedo… En el caso de los niños, la inflamación articular, alerta De Lucas, precede a la psoriasis. “Si deja de andar o de apoyar un pie puede aparecer una placa después”, explica.

La experiencia de Mireia y su hija de 9 años

La innovación en los tratamientos está logrando que pacientes como Mireia Pérez, de 49 años, y su hija Ivet, de 9 años, apenas muestren lesiones en la piel. Que estén, como dicen las propias personas que sufren la enfermedad, blanqueadas. Con el tiempo se ha logrado espaciar la administración del tratamiento. Puede parecer algo menor para un paciente crónico acostumbrado a acudir a consulta con frecuencia, pero si en lugar de tener que ir a la farmacia hospitalaria a pincharse una inyección (un fármaco biológico) cada tres meses va cada seis es una mejora para su calidad de vida; no tiene que pedir permiso en el trabajo o no tiene que destinar tiempo libre a ello.

Pérez, que trabaja como enfermera en un centro residencial de personas mayores en Barcelona, recuerda un brote muy grave que sufrió hace diez años, justo antes de que naciera Ivet. “Fue un momento de debilidad emocional”, recuerda. “Estaba tan llena de lesiones que no me identificaba con la persona que veía en el espejo”, cuenta. Pérez había sido diagnosticada por primera vez a los 16 años.

“No estoy preocupada por mi hija porque el tratamiento le funciona y porque tiene mi experiencia, le puedo enseñar todo lo que llevo vivido con la enfermedad”

Mireia Pérez, paciente de psoriasis

Por su hija no está preocupada “porque el tratamiento le funciona y porque tiene mi experiencia, le puedo enseñar todo lo que llevo vivido. Lo miro en positivo”. Ivet ha visto a su madre pincharse el tratamiento desde muy pequeña, aplicarse las cremas. “Cierto es que ahora ya con nueve años está en un momento en que no le gusta que le pregunten por la psoriasis”, cuenta. Los pacientes atraviesan diferentes fases. Cuando mejor están es cuando desaparecen las lesiones, la enfermedad se va de la cabeza también.

De Lucas hace énfasis en el impacto emocional que la psoriasis tiene en una edad tan delicada como la adolescencia. Llega el verano, dice, y a los chavales no les gusta descubrirse, rehúyen dormir fuera de casa, no quieren que el resto vea que son distintos. Tienen sus primeras relaciones sexuales –algunos padecen psoriasis invertida, que afecta a las axilas, las ingles, los senos y los genitales–.

“No hay medicina sin confianza”

El dermatólogo resalta los beneficios de una relación médico-paciente sólida. “Nos cuentan cosas que no les cuentan a sus padres”, afirma. “No hay medicina sin confianza, y no hay confianza sin confidencias”, admite el dermatólogo. Cuesta lograr esa conexión, reconoce De Lucas, pero una vez se alcanza es muy fuerte. “Menudo disgusto cuando se hacen mayores y se van”, cuenta.

Lo refrenda Pérez, que mantiene una relación estrecha con su dermatóloga, con la que lleva una década. “Lo primero que me pregunta es cómo estoy y luego que qué quiero que hagamos esta vez”. Con esto último se refiere a que el tratamiento se consensua, deciden de manera conjunta si espaciarlo, todo se habla, hay confianza.

El trabajo de enfermería resulta fundamental en la adherencia al tratamiento y la incorporación de hábitos saludables. De Lucas cuenta que aprovechan la visita del paciente para realizarle una entrevista de hábitos y resolver todas las dudas que pueda tener. “Sirve para disminuir la angustia y aportarles otras estrategias para enfrentarse a su enfermedad. Se ahorran problemas psicosociales derivados”, afirma. Pérez dice que vive el momento, que no quiere preocuparse en exceso por el devenir de su psoriasis ni de la de su hija de 9 años. En el fondo, cuando no hay placas en la piel, no hay enfermedad.