Maricarmen entra en el Parlament
Illa justifica las medidas en vivienda con afirmaciones de teoría política, poniéndose el traje de socialdemócrata: “Intervenir el mercado funciona”


En su alocución habitual con la que arranca cada día La Ventana en la cadena SER, Carles Francino ha afirmado este martes: “Tiene tela que la fragilidad de una mujer de 87 años haya tenido fuerzas para poner el país patas arriba.” El lunes, La Revuelta de David Broncano se acercó a la acampada de Sol a entrevistar a varios participantes, y la negociación de los decretos de vivienda del Gobierno central ha ofrecido una imagen casi de ciencia ficción: todos los portavoces a la izquierda del PSOE, juntos en una foto. Más de uno habrá creído que era una creación de la IA, pero no, se ve que era real (tal vez efímera, no lo descarten). Pues eso, lo que decía Francino, el desahucio ignominioso de Maricarmen ha detonado un artefacto que lleva años recalentándose y un día u otro tenía que estallar. Veremos en qué queda.
Que nadie dude de que el suceso ha influido también en el equilibrio de temas del discurso de Salvador Illa en la primera sesión del Debat de Política General en el Parlament. No se trata de que el president haya improvisado unas medidas sobre vivienda a remolque de la actualidad, por supuesto, pero el énfasis y el peso específico de las propuestas en este terreno, y la atención que van a recibir, no son ajenos al hecho de que llevamos varios días especialmente sensibles, más sensibles de lo que estamos de ordinario con el asunto habitacional. Y con la esperanza de ver si, por fin, el que puede hacer, hace (en la crisis de la vivienda, no me malinterpreten). Illa ha hecho varios anuncios novedosos para atacar el problema, entre ellos la creación de un fondo de emergencia habitacional y el fomento de la compra conjunta de pisos entre particulares y la Generalitat. Como suele ser su costumbre, el president ha justificado las medidas con afirmaciones de teoría política, poniéndose el traje de socialdemócrata: “Intervenir el mercado funciona”. Y mientras decía todo esto, en los escaños de la derecha se murmuraba a un cierto volumen.
La educación, la otra gran crisis candente, ha asomado en la sesión, tal vez menos que si la semana pasada no hubiese tenido el Parlament un debate específico sobre el tema. El plan del Govern para recuperar el nivel de las escuelas ya tiene sus lemas: “más lápiz y papel y menos pantallas; más Rodoreda y menos schroll”. Illa está cómodo con estas expresiones a medio camino de la sabiduría popular y la ocurrencia de DirCom: “qui la fa, la paga”, “la Catalunya de todas las Catalunyas”, “[combinar] ciencia y conciencia”, o la más reciente y, a la vez, más tradicional: “fes cas al mestre”. Aquí no ha habido murmullos en el PP, no olvidemos que, a raíz de la alarma por el desastre de las pruebas PISA, fue el mismo presidente de los conservadores, Alejandro Fernández, quien reclamó recuperar la autoridad de los profesores. No se iba a quejar de que el mismísimo presidente de la Generalitat le haya recogido el guante.


































































