A Rusia se le hace cada vez más cara la guerra
El dispendio en costear su guerra y pagar intereses de deuda supera el 50% del gasto total de los presupuestos. La inflación real podría triplicar los datos oficiales


Rusia tiene un agujero económico. Más del 50% de sus presupuestos está comprometido a costear su guerra contra Ucrania y los intereses de una deuda al alza. El Gobierno estudia severos recortes sociales, lo que empobrecería todavía más a una población que ha visto cómo sus ingresos no siguen el ritmo a la inflación. De hecho, los rusos percibe que el encarecimiento de la cesta de la compra es tres veces mayor que el que dicen las estadísticas oficiales. Sin embargo, Vladímir Putin aún dispone de recursos para prolongar su invasión de Ucrania y no tiene intención de ceder. “Si consideramos que tenemos uno de los menores niveles de deuda pública del mundo, no hay nada crítico aquí”, afirmó el dirigente ruso esta semana. El dirigente eludió mencionar que sus acreedores le exigen muchos más intereses que a un país estable, y el pozo es cada vez más grande.
El Gobierno ruso ha dejado de publicar una larga serie de estadísticas desde que comenzó la guerra, aunque sus presupuestos han reflejado a lo largo de estos años una fotografía más o menos fiel de su situación. Su secretismo oculta cifras de producción y refino de petróleo, el número de muertos, y otros datos importantes. En algunos casos el Kremlin no desagrega la información, y en otros la elimina directamente.
El gasto militar ruso está clasificado para no revelar sus secretos a sus rivales. Según los datos recopilados por el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, la partida bélica aumentó un 30% en el primer semestre frente al mismo periodo de 2025 y alcanzó los 10,7 billones de rublos, más de 100.000 millones de euros, el 4,7% del producto interior bruto (PIB) previsto para este año. Según el autor, Janis Kluge, esto supone un 44% de todo el gasto público ruso en los primeros seis meses del año.
A este dispendio se suma el pago de intereses de deuda. El Gobierno previó que esta partida se comería un 8,8% de todos los gastos este año. Según fuentes del mercado consultadas por este periódico, ya ronda el 10%.
El Kremlin se ha visto obligado a recurrir a los bonos federales para costear su guerra. El Ministerio de Finanzas suspendió tres emisiones estos meses por su elevado coste. Esta semana colocó renta fija con un rendimiento del 15,4% anual. En España es un 2,8%, por ejemplo.
Y esta carga va a más. Las autoridades planificaron para este año un déficit de unos 3,8 billones de rublos, el 1,6% del producto interior bruto [PIB]. Sin embargo, a finales de agosto superó los 5,8 billones, el 2,5% del PIB, pese a los ingresos extra obtenidos por la crisis petrolera provocada por el cierre del estrecho de Ormuz.
El Centro de Análisis Macroeconómico y Pronósticos a Corto Plazo (TSMAKP), vinculado al Gobierno, estima que el déficit presupuestario podría aumentar este año hasta los 7 billones de rublos, el 3% del PIB. Una tasa que para un país europeo podría parecer aceptable, pero dados los rendimientos que ofrece Rusia por su deuda supone un gran agujero.
Tras acometer una subida generalizada de impuestos en enero, el ministro de Finanzas, Antón Siluanov, reconoció a principios de año que su gabinete planeaba un tijeretazo en los “gastos no esenciales”. A la espera de anunciar la decisión final, algunos organismos ya han acometido recortes.
Entre los casos más llamativos en la última semana figura que Ekaterimburgo, la cuarta mayor ciudad del país, rebaja los estándares de su calidad de agua hasta el 2032 porque no hay dinero para reparar su canalización. La localidad, con una población similar a Madrid, sufre un deterioro “en casi el 100% de las tuberías” y los vecinos denuncian filtraciones de agua sucia. Asimismo, también se ha conocido esta semana que algunas regiones han aplazado la revalorización de los salarios de los empleados públicos. Con una inflación de dos dígitos, esto supone un recorte salarial de facto.
El jefe de la inteligencia militar sueca, Thomas Nilsson, aseguró que Rusia manipulaba sus cifras en una entrevista concedida a Financial Times en primavera. Según Nilsson, el país maquillaba tanto su déficit presupuestario en unos 25.000 millones de euros como el índice de precios, más próximo, en su opinión, al tipo de interés de referencia que a las estadísticas oficiales.
El Banco Central de Rusia mantiene hoy los tipos de interés en el 14%. Según el organismo monetario, Rusia cerró agosto con un 6,32% de inflación interanual. Sin embargo, las encuestas en la calle de esta institución y la agencia inFOM revelaban en verano que los ciudadanos perciben una subida real del 14% en el coste de la cesta de la compra. Y septiembre llega con nuevas subidas, en algunos sectores como alquileres, gimnasios o telefonía, ya anunciadas y superiores al 10%.
Las sospechas sobre la agencia de estadísticas rusa, Rosstat, llegan incluso a las propias autoridades. El banco central denunció en octubre de 2024 que este organismo “dejó de publicar los volúmenes de ventas minoristas a partir de los cuales se calcula la inflación”.
“El presidente dice que los salarios deben subir. ¿A quién le encomendó el Ministerio de Desarrollo implementar el indicador? ¡A Rosstat! ¿Alguien duda de que se logrará?”, ironizó aquel mismo mes el presidente del comité para los presupuestos de la Duma Estatal, Andréi Makárov.
El año pasado, el líder de uno de los partidos satélite de Putin, Serguéi Mirónov, jefe de la formación Rusia Justa, también insinuó que las estadísticas de precios están manipuladas. “Si la inflación de los alimentos es superior al 20%, ¿a alguien le subieron el sueldo el año pasado un 20%? ¿O simplemente la gente ha dejado de comer?”, afirmó el diputado.
Mientras, el Banco Central de Rusia lucha con firmeza contra la inflación. Su gobernadora, Elvira Nabiúllina, ha sido objeto de enormes presiones desde el Gobierno para rebajar los tipos de interés, medida que su organismo rechaza porque cree que la economía está sobrecalentada por el gasto militar y solo alimentaría su futura implosión.
Finalmente Putin dio un espaldarazo a Nabiúllina esta semana en el Foro Económico Oriental de Vladivostok. “Comprendemos lo qué implica el aumento de la tasa de interés y por qué. Comprendemos cómo funciona toda la economía en estas condiciones. Quiero reiterar que se trata de una decisión deliberada destinada a mantener la estabilidad macroeconómica”, afirmó el dirigente ruso.
Pese al peligro de un descalabro económico, el Kremlin sigue poniendo cartas en su órdago sobre Ucrania. “Los desafíos para la economía rusa incluyen los riesgos de estanflación y recesión, una paralización casi total del crecimiento de los ingresos reales, la escasez de mano de obra y la emigración de los profesionales cualificados”, dice a este diario de forma anónima un analista de una conocida firma de inversión rusa.
“El potencial de crecimiento del PIB mediante la expansión del complejo belico-industrial se ha agotado en gran medida, mientras que la caída de la inversión y la desaceleración de la demanda de los consumidores están generando problemas”, apunta antes de remarcar que este temblor llegará a los presupuestos.
“Reducir el déficit presupuestario solo es posible mediante recortes de gastos significativos. Los aumentos de impuestos podrían ser inefectivos debido a la disminución de la recaudación”, advierte el analista. “El banco central se esfuerza por combatir la creciente inflación, pero existen muchos problemas que no puede evitar, como la crisis del combustible. Además, un efecto secundario de las altas tasas de interés ha sido la disminución de la inversión fija en términos reales”, agrega.


































































