Inclinada, con las manos cubriéndole el rostro y las rodillas ensuciándose sobre la arcilla roja, Mirra Andreeva celebraba —o quizá procesaba— que por fin había logrado superar “tantos demonios internos” que acompañan a una prodigio adolescente del tenis.
Después de irrumpir en la escena a los 15 años, Andreeva se consagró campeona de Grand Slam a los 19, cuando la rusa puso fin al sorprendente recorrido de la polaca Maja Chwalinska, proveniente de la fase clasificatoria y número 114 del mundo, con una victoria por 6-3 y 6-2 en la final de Roland Garros este sábado.
“He hecho muchas visualizaciones. No solo para este torneo, sino que he tenido sueños y muchos pensamientos sobre cómo iba a pasar, si iba a pasar, cuándo iba a pasar y dónde”, dijo Andreeva, aún casi sin aliento mientras hablaba con la rapidez propia de una adolescente. “La sensación en la vida real es muchísimo mejor que en los sueños.
“Puedo llamarme campeona de Grand Slam”, agregó Andreeva.
Los mayores desafíos para Andreeva no han estado en la cancha —ya tiene uno de los mejores juegos de ataque desde el fondo del circuito—, sino en el plano mental. Y también en su terquedad.

“Su actitud es difícil”, dijo Conchita Martínez, entrenadora de Andreeva y excampeona de Wimbledon. “Le dices algo y quizá no está dispuesta a escuchar. … Cuando trabaja duro, escucha y hace todo lo que debe hacer, no tiene límites”.
Andreeva lo reconoció durante la ceremonia del trofeo.
“Sé que a veces puedo ser difícil y que no es fácil aguantarme”, dijo Andreeva.
La victoria llevó a Andreeva un paso más lejos que Martínez, quien perdió la final de Roland Garros de 2000 ante Mary Pierce.
Pierce entregó el trofeo de campeona a Andreeva, que se convirtió en la mujer más joven en ganar el Grand Slam sobre arcilla desde que Monica Seles tenía 18 años, cuando conquistó su tercer Abierto de Francia consecutivo en 1992.
“Eres tan joven y talentosa. Es tan molesto”, le dijo Chwalinska, de 24 años, a Andreeva.

Andreeva dio el inusual paso de agradecerse a sí misma “por creer en mí, por dar siempre el 100 %, incluso cuando es difícil, por tratar cada día de ser mejor persona y mejor jugadora, por creer que puedo lograrlo, por luchar contra tantos demonios dentro de mí”.
“Solo yo sé lo duro que fue para mí”, añadió Andreeva. “Lo nerviosa que estuve durante estas dos semanas”.
Andreeva también agradeció a su psicóloga, que, según dijo, la veía desde Florida: “Todo lo que me has dicho lo he tratado de aplicar estas dos semanas y diría que funcionó bastante bien. Así que muchas gracias”.
Chwalinska se sincera sobre la depresión
Chwalinska intentaba convertirse en la primera jugadora proveniente de la fase previa en conquistar el título de Roland Garros. Fue una prometedora tenista juvenil junto a Iga Swiatek, cuatro veces campeona de Roland Garros, antes de empezar a lidiar con la depresión en 2019.
“El tenis es un deporte muy duro. Es muy individual. Empezamos muy temprano. Básicamente somos niños cuando empezamos”, dijo Chwalinska. “La gente espera que ya nos comportemos como adultos, y en realidad solo somos niños. Así que la presión es enorme”.

Andreeva nació en Siberia y luego se mudó a Sochi y, finalmente, a Francia para desarrollar su carrera en el tenis.
Recibió un fuerte aplauso del público en la pista Philippe-Chatrier cuando pronunció unas palabras en francés durante la presentación del trofeo.
“Gracias por su apoyo hoy y durante estas dos maravillosas semanas aquí en París”, dijo Andreeva. “Fue muy importante para mí”.
Inicios a los 15
Andreeva es considerada aspirante a ganar un Grand Slam desde que irrumpió en escena con 15 años en el Madrid Open de 2023, cuando se convirtió en la tercera jugadora más joven en ganar un partido del cuadro principal en un torneo WTA 1000 y alcanzó los cuartos de final.
Últimamente, Andreeva ha tenido que competir bajo estatus neutral y sin la bandera de su país debido a la guerra en Ucrania.
Cuando venció a Marta Kostyuk en semifinales, Kostyuk se negó a darle la mano, como ha sido costumbre entre las jugadoras ucranianas que enfrentan a rusas desde el inicio de la guerra en 2022.
“Nadie quiere que haya una guerra en el mundo”, dijo Andreeva. “Nunca pienso en esas cosas cuando juego”.
Dominar el viento
La final se disputó bajo un cielo mayormente soleado, pero el viento fue un factor en la primera final de Grand Slam para ambas jugadoras.
Chwalinska cometió una doble falta en el primer punto del partido, pero fue la primera en mantener su servicio, en el quinto juego.
Después, Andreeva ganó nueve juegos consecutivos para tomar el control, al encontrar la manera de pegar con firmeza pese al viento y responder a las variantes de efecto y dejadas de Chwalinska.
Mientras Chwalinska retrocedía para manejar las pelotas altas con el viento, Andreeva a menudo avanzaba y tomaba la pelota temprano.
“Definitivamente manejó el viento mucho mejor que yo”, dijo Chwalinska. “No le huía a la pelota”.
Andreeva sumó 25 golpes ganadores frente a 10 de Chwalinska y además cometió menos errores no forzados: 26 contra 29.
Hubo una fuerte presencia polaca entre el público de la pista Philippe-Chatrier.
Cuando presentaron a Chwalinska, los aficionados levantaron banderas polacas rojas y blancas y corearon su nombre: “Ma-ja, Ma-ja”.
Andreeva tuvo poco apoyo del público, aunque al final del partido se escuchó un grito en ruso: “¡Davai Mirra!”, es decir, “¡Vamos, Mirra!”.
Alexander Zverev jugará contra Flavio Cobolli en la final masculina del domingo para poner fin al Grand Slam más impredecible de los últimos tiempos.


